19 de Octubre

“Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá”

(Lucas 12, 39-48)

 

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

El Evangelio de hoy consta de dos parábolas de Jesús: La primera parábola es sobre el dueño de la casa y el ladrón y la segunda habla del propietario y del administrador. Respecto de la primera parábola, sorprende el que la venida del Hijo del hombre, Cristo, sea comparada a la llegada de un ladrón en la noche. El primero es un suceso alegre, para los discípulos de Jesús, y el segundo es doloroso para cualquiera. Pero el centro de interés no está en la imagen, sino en la intención de la parábola, que no es fomentar temor y angustia, sino acentuar lo inesperado de la venida de Cristo, cuyo día y hora nadie conoce más que el Padre. Lo cual requiere una actitud apropiada: la vigilancia.

A la pregunta de Pedro Jesús le responde con la parábola del criado de confianza. Su fidelidad se pondrá a prueba con el retraso de la vuelta del Señor.

 

Reflexionemos: ¿Cuál es la calidad de nuestra espera y de nuestra esperanza? ¿Soy un buen administrador/a de la misión que recibí?

 

Oremos: Señor Jesús, ayúdame a ser un siervo fiel y prudente. A esforzarme por ser un buen discípulo de tu amor, que con tu divina gracia pueda ser fiel a tus preceptos. Amén.

 

Recordemos: ¿Cuál es la palabra o frase o párrafo o actitud que te ayuda a recordar este texto?

 

Actuemos: Nuestra fe es la esperanza, es decir una espera dinámica, viva, solidaria desde el amor y la misericordia de Dios. ¿A que me compromete esta invitación?

 

Profundicemos:  ¿Evangelizamos con la certeza de que es Dios quien lleva adelante la misión?

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