
La liturgia nos presenta en este día la solemnidad de san José, el esposo de María Santísima en la Historia de la Salvación. Gracias a su cooperación en el plan de Dios, la historia le ha devuelto en medio de su silencio en las Sagrada Escritura, el puesto de honor que le corresponde como custodio, protector y padre adoptivo de Jesús, y esposo de la Virgen María, siendo su misión discreta pero fundamental, actuando como un puente necesario entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Por medio del canto del gloria, que hace una pausa en la Cuaresma, la liturgia nos recuerda que todos aquellos que están aparentemente escondidos, tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación El silencio de José en la Historia de la Salvación ha sido develado en la acción de su entrega y donación al Hijo de Dios, al permanecer como el custodio vigilante que estuvo siempre atento a amarle y defenderle desde el seno de su madre; por eso, decidió repudiar a María en secreto, porque atentar en contra de ella era atentar en contra del Hijo de Dios. Además, el misterio del Hijo de Dios era tan grande para él, que se sentía indigno e incapaz de formar parte de él. Pero, aun así, lo asumió con obediencia, fidelidad y entrega. La justicia que practicó y vivió José fue más allá de la ley escrita en piedra. Esa justicia la vivió desde su corazón. Si bien san José fue descendiente de David no llegó a tener un palacio como sí lo tuvieron sus antecesores. Pero en sus brazos acunó y abrazó al Rey de reyes, soportando la crueldad del invierno, la dureza del lomo de mula y el rechazo de la gente de la comarca que negó el calor y la cuna para el Enmanuel cuando le cerraron las puertas. Pero José, iluminado por la gracia divina, preparó con creatividad entre unas pajas y el calor de los animales en la pesebrera el humilde lugar donde nacería el Redentor. Él, junto con María Santísima, le brindaron el calor necesario al Salvador y lo protegieron con una ternura que no tuvo límites. Y cuando la vida, después de ser preservada del frío, es amenazada por la muerte de los poderosos, de nuevo la custodia el fiel providente quien va de prisa y sin miedo en la oscuridad de la noche; si bien el temor se encuentra en su más alto nivel porque no se ve ni se reconoce, san José se presenta como el modelo de la sumisión incondicional a la voluntad de Dios, actuando como un guía justo que reconoce la mano divina en cada acontecimiento de la historia.
El plan de Dios con su Hijo que vino al mundo a cumplir su voluntad estuvo marcado por la cooperación silenciosa y obediente de José en la Historia de la Salvación. ¿Qué tanto puedo decir que mi vida, mis acciones o mis decisiones cooperan con el plan salvífico de Dios en el silencio, la escucha o la prontitud de la vida misma?
San José, enséñame a cultivar el silencio de la vida activa y práctica que viviste con Jesús y María en Nazaret. Tú que en el Evangelio no has pronunciado ninguna palabra, enséñanos a ayunar de las palabras vanas y a redescubrir el valor de las palabras que edifican, animan, consuelan y sostienen. Ayúdame a ponerme en camino para llegar a Dios. Amén.
¿Qué experiencia personal he vivido con san José en mi vida espiritual? Agradezco porque su testimonio y ejemplo ha sido luz en el camino de mi vida.


