
Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios, acompañado por los Doce y por algunas mujeres. Tengamos en cuenta que ni los fariseos, ni los discípulos de Juan Bautista tuvieron mujeres entre sus discípulos. Jesús, el Hijo de Dios, sí. Cusa, esposo de Juana, administraba la casa de Herodes, gobernador de Galilea; Juana, seguidora fiel de Jesús, también les proveía con sus medios económicos y estuvo junto con María Magdalena, María la de Santiago y otras mujeres en el sepulcro vacío de Jesús, donde reciben el anuncio, por parte de dos ángeles, de por qué buscan entre los muertos al que está vivo y ha resucitado. Susana y otras muchas mujeres que siguieron a Jesús como discípulas, fueron valientes, perseverantes y generosas, porque también les servían a Jesús y sus discípulos con sus bienes. Jesús integra a las mujeres en su misión, y ellas lo seguirán fielmente y estarán presentes camino al calvario y al pie de la cruz. Y serán las primeras en recibir y dar a conocer la noticia de la resurrección del Señor.
En el seguimiento de Jesús, cabemos todos; y desde la vocación a la que el Señor nos ha llamado, con su ayuda, podemos responderle con radicalidad, y generosidad. Su persona es y será nuestra fuerza y razón para no desmayar en los momentos duros y difíciles de la vida. Preguntémonos: Jesús cuenta con nosotros, y el aceptarle en nuestras vidas nos da “alas” esforzarnos por pasar por esta vida haciendo el bien, y ayudando a otras personas a conocer su mensaje de amor.
Señor Jesús, gracias por recorrer los caminos anunciando tu Reino. Como aquellas mujeres que te seguían con amor y generosidad, quiero poner mi vida, mis bienes y mi tiempo a tu servicio. Dame un corazón agradecido para caminar siempre a tu lado. Amén.
Es necesaria una respuesta activa, visible y tangible de gratitud y fidelidad hacia Dios cuando hemos experimentado su gracia, sanidad o liberación.
Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce (Lc 8, 1).
El ministerio de Jesús era itinerante y enfocado en predicar el Reino de Dios.


