18 de marzo

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

““Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere” ”
(Jn 5, 17-30)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

El escritor sagrado claramente se está dirigiendo a los judíos, con quienes en esta cuarta semana de Cuaresma se le ha visto en constante confrontación y esta realidad se sigue presentando también hoy. Jesús siente que a través de él actúa el Padre porque ha venido a cumplir su voluntad: “Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo”. Estas palabras incitaban a las autoridades judías que estaban decididas a eliminar a Jesús. Dos son las razones que trasgreden el límite judío: la primera razón, actuar en sábado y la segunda, declararse abiertamente Hijo de Dios; por tanto, ser como Él. En medio de este ambiente tenso, Jesús hace una declaración sobre la relación con su Padre: “El Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre”. Es decir, hace una confesión pública de su más íntima experiencia de obediencia y filiación con el Padre, caracterizada por el amor que nace de la mutua entrega del Padre que le ha enviado, pero a la vez del Hijo que siente la más profunda confianza en Él. Esta experiencia de relación entre el Padre y el Hijo le sirve al Señor para mostrar, a quién le escucha; cómo sus acciones no proceden de su propia iniciativa, sino de una relación más profunda que proviene del Padre Eterno. Hablando terrenalmente de esta unión filial, podemos decir que todo hijo hereda de su padre no solo los bienes materiales que pueda brindarle, sino las características físicas, psicológicas y espirituales que le puedan caracterizar como identidad propia. Jesús explica su relación con el Padre eterno basada en una unidad esencial, igualdad divina y comunión íntima. Afirma ser uno con el Padre. En medio de este ambiente tenso, Jesús reconoce que su hora está por llegar, el anuncio de su muerte es inminente y se percibe en sus expresiones: “Los muertos oirán la voz del Hijo de Dios” y a la vez, se percibe el anuncio gozoso de la luz de la Resurrección: “Y los que hayan oído vivirán”.

Reflexionemos:

La relación entre el Padre y el Hijo, el evangelista la presenta de manera profunda estrecha y significativa. Percibamos cómo se da esta experiencia de relación paterna no solo en la paternidad filial de Dios como Padre, sino también en la paternidad que recibimos como gracia en el momento de nuestra concepción. La paternidad espiritual se encuentra en profunda comunión con la paternidad biológica, de lo contrario, una de ellas se encuentra rota.

Oremos:

Señor Jesús, gracias por el don de mis padres, que en la experiencia de su amor incondicional me han acercado profundamente al amor del Padre Eterno, quien me ha amado desde siempre, llamándome a la vida y confiándome una misión en la tierra. Ayúdame a ser dócil y a vivir de acuerdo a tu mandamiento del amor. Amén.

Actuemos:

Doy gracias por la experiencia paterna profundamente significativa en mi vida, con sus luces y sombras, sus límites y sus dones.

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