
En el evangelio que hemos escuchado vemos cómo mientras Juan Bautista está bautizando en el Jordán, ve a Jesús venir hacia él. No pudiendo contener su alegría, grita emocionado: “He aquí el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”. Y para que nos quedara muy clara la identidad divina de Jesús nos contó su experiencia: “Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas bajar al Espíritu Santo y quedarse sobre él, ése es el que bautizará con Espíritu Santo’ Y yo lo he visto, y por eso declaro que éste es el Elegido de Dios”. Toda la vida y la predicación de Juan Bautista fue un indicar a todos que Jesús era el Mesías; para esto vivió y por esto también entregó su vida. Nos lo confirman las palabras que él mismo dirige a sus discípulos cuando le contaron que mucha gente seguía a Jesús: “el declaró abiertamente: ahora mi alegría es completa, es necesario que Él crezca y yo disminuya”. Que este hermoso testimonio de Juan nos impulse a todos a conocer mejor a Jesús y seguir sus huellas.
¿Conozco a Jesús y deseo seguirlo? ¿Qué es lo que más admiro y quiero imitar del testimonio de Juan Bautista? ¿Qué siento que me pide el Señor?
Señor Jesús, como Juan el Bautista yo también quiero disminuir para que crezcas tú. Que movido por el gran amor que me tienes, pueda seguirte siempre con fidelidad, libertad y alegría. Amén.
Quiero de hoy en adelante manifestar con valentía mi fe en Jesús, aunque mi testimonio implique alguna renuncia o sufrimiento.
“Yo no lo conocía, pero mi venida y mi bautismo con agua eran para que Él se diera a conocer a Israel… Y añadió: Yo no lo conocía, pero Aquel que me envió a bautizar con agua, me dijo también: 'Verás al Espíritu bajar sobre aquel que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en él'”.
“Juan que tenía muchos seguidores, pero tenía tan claro que Jesús era el Salvador y que solo Él era el profeta que anunciaba y había que seguir. Ojalá que cada uno de nosotros también no esté centrado en sí mismo, sino en Jesús y que toda nuestra vida, todo nuestro obrar, también como comunidad e Iglesia estén referenciados al Cordero de Dios” (p. Fernando Armellini).


