18 de enero

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”
(Jn 1, 29-34)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

En el evangelio que hemos escuchado vemos cómo mientras Juan Bautista está bautizando en el Jordán, ve a Jesús venir hacia él. No pudiendo contener su alegría, grita emocionado: “He aquí el cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”. Y para que nos quedara muy clara la identidad divina de Jesús nos contó su experiencia: “Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas bajar al Espíritu Santo y quedarse sobre él, ése es el que bautizará con Espíritu Santo’ Y yo lo he visto, y por eso declaro que éste es el Elegido de Dios”. Toda la vida y la predicación de Juan Bautista fue un indicar a todos que Jesús era el Mesías; para esto vivió y por esto también entregó su vida. Nos lo confirman las palabras que él mismo dirige a sus discípulos cuando le contaron que mucha gente seguía a Jesús: “el declaró abiertamente: ahora mi alegría es completa, es necesario que Él crezca y yo disminuya”. Que este hermoso testimonio de Juan nos impulse a todos a conocer mejor a Jesús y seguir sus huellas.

Reflexionemos:

¿Conozco a Jesús y deseo seguirlo? ¿Qué es lo que más admiro y quiero imitar del testimonio de Juan Bautista? ¿Qué siento que me pide el Señor?

Oremos:

Señor Jesús, como Juan el Bautista yo también quiero disminuir para que crezcas tú. Que movido por el gran amor que me tienes, pueda seguirte siempre con fidelidad, libertad y alegría. Amén.

Actuemos:

Quiero de hoy en adelante manifestar con valentía mi fe en Jesús, aunque mi testimonio implique alguna renuncia o sufrimiento.

Recordemos:

“Yo no lo conocía, pero mi venida y mi bautismo con agua eran para que Él se diera a conocer a Israel… Y añadió: Yo no lo conocía, pero Aquel que me envió a bautizar con agua, me dijo también: 'Verás al Espíritu bajar sobre aquel que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en él'”.

Profundicemos:

“Juan que tenía muchos seguidores, pero tenía tan claro que Jesús era el Salvador y que solo Él era el profeta que anunciaba y había que seguir. Ojalá que cada uno de nosotros también no esté centrado en sí mismo, sino en Jesús y que toda nuestra vida, todo nuestro obrar, también como comunidad e Iglesia estén referenciados al Cordero de Dios” (p. Fernando Armellini).

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