
El Evangelio de Jesús es muy radical: “Difícilmente entrará un rico al reino de los cielos”. Esto porque se corre el riesgo de apegarse a lo que se tiene y se viva plácidamente queriendo, además, acaparar cada vez más dinero, de una forma egoísta a costa de las mismas personas. Pero no quiere decir que el dinero no sea importante; sí lo es si se le administra con justicia para vivir dignamente, cuando el dinero es puesto al servicio de los demás, para el bien común, para para el progreso. El problema no es la cantidad de dinero que uno posea, sino la prioridad que cada uno le da. El que se despoja de todo y sigue al Señor nunca le faltara nada y eso lo comprobamos en nuestra vida cotidiana. Dios se manifiesta en muchas formas y aquel que cree y confía en Él nunca le faltara lo necesario para vivir, incluyendo la Vida Eterna. Quien escoge a Jesús ha encontrado el verdadero tesoro; Él nos da la paz y la verdadera alegría que nada ni nadie nos podrá dar o quitar, nos hace libres y nos anima para ir a evangeliza y comunicar la buena noticia del Evangelio.
¿Qué situaciones me esclavizan que me hace perder la paz y la libertad interior?
Señor Jesús, concédeme el don de la fortaleza para vencer la tentación de la avaricia, de querer acaparar personas, lugares y bienes materiales. Lléname de tu amor misericordioso para renunciar a todo aquello que me aparte de ti para seguirte con alegría. Amén.
El seguimiento a Jesucristo se debe anteponer a cualquier seguridad material o afecto humano.
“Sí, les repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos” (Mt 19, 24).
La salvación no depende de la fuerza humana, sino de poner a Dios como la prioridad absoluta por encima de las riquezas y de cualquier seguridad terrenal.


