
Jesús camina sobre el agua. Este es otro signo del Señor luego de la multiplicación de los panes, revelando su poder sobre la naturaleza y la protección que brinda a sus discípulos. Estos suben a una barca y cruzan el mar de Galilea, mientras anochece y sopla un fuerte viento. La escena refleja la dificultad y el miedo ante las situaciones que se salen fuera del control humano. Simboliza también la vida del discípulo que en medio de las dificultades y pruebas, sabe que no está solo. Jesús está siempre con él. San Juan nos enseña en este pasaje que la fe permite reconocer a Jesús, incluso, en medio de las dificultades. Que Él tiene poder sobre la naturaleza y la vida, y que ofrece paz frente al miedo. La confianza en Jesús garantiza acompañamiento y seguridad, incluso, en las situaciones más adversas. Cada vez que celebramos la Eucaristía, el Resucitado se presenta en la comunidad reunida, dándose como Palabra salvadora. Él mismo se nos da como alimento para nuestro camino, invitándonos a confiar en Él superando cualquier miedo. Los cristianos muchas veces sentimos que tambalea la barca de nuestra vida y la oscuridad nos asusta. Pero a pesar de la tormenta no hay que temer porque tenemos a Cristo por capitán del barco. Confiemos en Él con la esperanza de que llegaremos a tierra sanos y salvos. Dejémonos guiar por Él.
¿Confío verdaderamente que el Señor me auxilia en los momentos difíciles, aunque parezca a veces estar ausente? ¿Me doy cuenta de que Jesús se acerca incluso en mis momentos más difíciles o lo siento lejano?
Señor Padre Santo, no permitas que los miedos y las preocupaciones cotidianas me impidan elevar mi mirada al cielo para pedir tu gracia y acoger la presencia de Cristo Resucitado en mi vida. Amén.
Entrego el control de las situaciones difíciles de mi vida a Jesús, dejando que Él guíe el rumbo de mi existencia.


