17 de enero

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”
(Mc 2, 13-17)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Pasando por la orilla del lago Jesús vio a Leví sentado en el despacho de impuestos, lo miró con amor y después de mirarlo le dijo: “sígueme”; inmediatamente Mateo dejó atrás el banco de impuestos, el dinero, su condición de publicano y se fue con Jesús. La mirada amorosa del Señor no solo le dio el valor para dejarlo todo, sino que le ayudó a encontrar el verdadero sentido de su vida. Antes se dedicaba a recaudar de los demás los intereses para poder vivir cómodamente, ahora siguiendo a Jesús solo piensa en ayudar y servir a los otros, y es tan feliz que celebra con sus amigos un banquete, para expresar esta alegría. La mirada amorosa de Jesús lo hizo pasar de una vida centrada en sus intereses de lucro y bienestar, a una existencia que experimenta el gozo inmenso de la entrega y del servicio. El amor de Jesús, su mirada y el estar con Él, nos sana de todas nuestras avaricias y miopías, y nos lleva más allá de nosotros mismos, para buscar solo aquello que Dios quiere de nosotros y el bien de los demás.

Reflexionemos:

¿He sentido alguna vez la mirada amorosa de Jesús? Sintiéndome atraído por Él ¿he seguido con generosidad aquello que Él me propone? ¿Qué siento que el Señor me pide hoy?

Oremos:

Gracias Jesús, por dejarnos ver que la plenitud de nuestra vida no está en el lucro y en las ganancias, sino en la entrega y el servicio a los demás. Haz que sepamos escuchar tu voz. Amén.

Actuemos:

Quiero acoger la mirada y los llamados de Jesús cuando medito su Palabra y siento su voz en el fondo de mi corazón.

Recordemos:

Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Mateo se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos…

Profundicemos:

“Dejémonos mirar por el Señor en la oración, en la Eucaristía, en la Confesión, en nuestros hermanos, especialmente en aquellos que se sienten dejados, más solos. Y aprendamos a mirar como Él nos mira” (Papa Francisco).

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