17 de enero

Liturgia diaria

En nuestro caminar diario, encontramos en la Palabra de Dios una fuente inagotable de sabiduría, consuelo y guía. La Liturgia del Día nos conecta con la Iglesia universal, permitiéndonos reflexionar y meditar sobre las Escrituras junto a millones de fieles en todo el mundo. Cada lectura es una oportunidad para escuchar la voz de Dios, que nos llama a vivir en su amor y seguir sus enseñanzas.

Escucha La Palabra de Dios para cada día

Primera Lectura

Lectura del Primer libro de Samuel 9, 1-4. 17-19; 10, 1a

Había un hombre de Benjamín, de nombre Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afij, hijo de un benjaminita. Era un hombre de buena posición. Tenía un hijo llamado Saúl, fornido y apuesto. No había entre los hijos de Israel nadie mejor que él. De hombros para arriba, sobrepasaba a todo el pueblo. Las burritas de Quis, padre de Saúl, se habían extraviado; por ello ordenó a su hijo: “Toma contigo a uno de los criados, ponte en camino y vete a buscar las burritas”. Atravesaron la montaña de Efraín y recorrieron la comarca de Salisá, sin encontrarlas. Atravesaron la comarca de Saalín y el territorio benjaminita, pero no dieron con ellas. En cuanto Samuel vio a Saúl, el Señor le advirtió: “Ese es el hombre de quien te hablé. Ese gobernará a mi pueblo”. Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta, y le dijo: “Haz el favor de indicarme dónde está la casa del vidente”. Samuel respondió: “Yo soy el vidente. Sube delante de mí al altozano y comerán hoy conmigo. Mañana te dejaré marchar y te aclararé cuanto te preocupa”. Tomó entonces Samuel el frasco del óleo, lo derramó sobre su cabeza y le besó, diciendo: “El Señor te unge como jefe sobre su heredad. Tú regirás al pueblo del Señor y lo librarás de la mano de los enemigos que lo rodean”.

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial 20, 2-7

R. Señor, el rey se alegra por tu fuerza.

Señor, el rey se alegra por su fuerza, ¡y cuánto goza con tu victoria! Le has concedido el deseo de su corazón, no le has negado lo que pedían sus labios / R.
Te adelantaste a bendecirlo con el éxito, y has puesto en su cabeza una corona de oro fino. Te pidió vida, y se la has concedido, años que se prolongan sin término / R.
Tu victoria ha engrandecido su fama, lo has vestido de honor y majestad. Le concedes bendiciones incesantes, lo colmas de gozo en tu presencia / R.

Aclamación antes del Evangelio (Lc 4, 18)

El Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 2, 13-17

“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a Él y les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: “Sígueme”. Se levantó y lo siguió. Sucedió que, mientras estaba Él sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que lo seguían. Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: “¿Por qué come con publicanos y pecadores?”. Jesús los oyó y les dijo: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”.

S: Palabra de Dios

T: Gloria a ti, Señor Jesús

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