
Hoy se nos relata el primer gran milagro de Jesús en el Evangelio de Juan, anticipando su papel como Proveedor y Salvador. Jesús sube a un monte cerca del mar de Galilea y una gran multitud lo sigue, atraída por sus signos y su enseñanza. La acción de Jesús refleja la compasión: Él se preocupa por la necesidad física de las personas, además de la dimensión espiritual. Jesús pregunta a Felipe dónde comprar pan; luego, toma cinco panes y dos peces, los bendice y los reparte. Todos comen hasta saciarse, e incluso sobran doce canastas. Esto puede significar que Jesús provee abundancia con pocos recursos, mostrando el infinito poder de Dios. En un mundo desconcertado y hambriento como el nuestro, Cristo nos invita a multiplicar su Pan, que es Él mismo, su Cuerpo y su Sangre. Los cinco panes y los dos peces del joven que los proveyó inicialmente, pueden compararse a los deseos de justicia y de paz por parte de la humanidad. La multiplicación, por consiguiente, es un signo que apunta a su identidad como Pan de Vida. Los cinco panes son, igualmente, una representación de los talentos que Dios nos ha regalado. Solo en la medida en que los demos a los demás, fructifican todo cuanto pueden. Si los guardamos para nosotros mismos, pueden echarse a perder.
¿Confío verdaderamente en Jesús y lo sigo con fe? ¿Confío realmente en que Jesús puede multiplicar mis recursos para solucionar los problemas que me agobian, o me quedo en la angustia de Felipe?
Señor Jesús, ayúdame a saber multiplicar tu amor y así realizar el milagro de la solidaridad. Con humildad y sencillez te ofrezco mis talentos, consciente de que los he recibido para darlos a los demás. Amén.
Ofrezco lo poco que tengo (tiempo, talentos, recursos) sin miedo, confiando en que Jesús lo multiplicará para el bien de los demás.


