16 de septiembre

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Hemos tocado y no han bailado, hemos entonado lamentaciones, y no han llorado”
(Lc 7,31-35)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Dijo el Señor: “¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes? Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de:“‘Hemos tocado la flauta y no han bailado, hemos entonado lamentaciones, y no han llorado’”. Jesús lo tuvo difícil con las clases dirigentes de su tiempo, que no pocas veces estaban cerradas en sus esquemas, en sus normas y leyes, que no les permitía ver el paso de Dios a través de sus enviados, ni de ver sus signos. Y lo vemos en su actitud negativa hacia Juan Bautista un hombre de Dios, que oraba, ayunaba, e invitaba a la conversión, pues lo tildaron de endemoniado, luego a Jesús, siempre cercano, compasivo y misericordioso, lo califican de comilón, amigo de pecadores; no son capaces de abrir los ojos de su alma para ver a Dios actuando a través de sus enviados ni a través de su Hijo Jesús, que está con los marginados, los pobres, los publicanos, los excluidos y pecadores. Es necesario “dejar a Dios ser Dios” y no quererlo a nuestras órdenes, haciendo lo que nosotros queremos y que se acomode a nuestra manera de ser, querer y pensar.

Reflexionemos:

Necesitamos aprender a descubrir a Dios en nuestro día a día y aceptar que sus designios no coinciden con los nuestros, que no pocas veces son estrechos y mezquinos. Necesitamos aprender de Jesús, a caminar con nuestra gente, a practicar el perdón y la misericordia. Preguntémonos: ¿Estamos dispuestos a abrir nuestro corazón y nuestra mente, para reconocer a Dios a través de las personas y de las circunstancias diarias de nuestra vida?

Oremos:

Señor Jesús, quita de mí la actitud de quien siempre critica y nunca se alegra. Dame un corazón humilde para reconocer tu presencia, aceptar tu sabiduría y vivir con sencillez de fe cada día. Amén.

Actuemos:

Superemos la actitud infantil de la queja constante y la crítica estéril.

Recordemos:

“Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos (Lc 7, 35).

Profundicemos:

La verdad de Dios no depende de caprichos humanos, sino que se comprueba por sus frutos.

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