16 de Noviembre

Santa Margarita de Escocia
Sb 18, 14-16; 19, 6-9 / Sal 104, 2-3. 36-37. 42-43 / Lc 18, 1-8.
Feria, ML o BMV. Verde o Blanco.

“Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan”

En aquel tiempo, Jesús les decía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y sin cansarse: “Había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Y había en aquella ciudad una viuda que se dirigía a él para decirle: ‘Hazme justicia ante mi adversario’. Por un tiempo no quiso, pero después dijo para sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, la viuda me molesta tanto, que le haré justicia, para que no venga continuamente a fastidiarme’”. El Señor dijo: “Escuchen lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos, que gritan a Él día y noche? ¿Los hará esperar? Yo les digo que pronto les hará justicia. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?”.

La fidelidad a la oración es un acto de rebeldía contra la tendencia terrible a la fatalidad. Orar es una forma de decir: no me resigno a creer que el mal es más fuerte que Dios. Orar es expresar una confianza inmensa en el poder de Dios que es capaz de resucitar a los muertos. Perseverar en la oración es uno de los gestos más decisivos de la fe cristiana. No desanimarse ante lo que nos parece una inatención de Dios ante nuestras súplicas es un acto de coraje y sabiduría. La perseverancia en el gesto, aunque muchas veces sea para protestar, para quejarse, para desahogarse, esa perseverancia trae sus frutos. Porque estar allí, como vemos en muchos lugares que Dios siempre está ahí, esperándonos, es darle una oportunidad increíble para que nos modele, nos purifique, nos trabaje con la dulzura de su Espíritu Santo.

¿Necesitamos el silencio y la pausa cada día para confiarnos a Dios y para dejar que nos hable?