
Jesús nos hace hoy una clara invitación: “Vengan a mí los cansados y agobiados”; lo dice a quienes en medio de la realidad concreta no han podido encontrar en la experiencia de Dios que ofrece la ley una posibilidad plena de vida, porque ella, en lo concreto de su realidad, no se lo permite. Jesús les recuerda que el vínculo con Él es para potenciar lo mejor de sí mismos y adoptar un yugo que da alas para centrarse en lo esencial de la Torá: la plenitud; el descanso que se parece a Dios. Jesús es el sábado por excelencia, es Él quien da el verdadero descanso, ya que su yugo ha de ser para todos un sábado perpetuo, una plena contemplación en la que se reconoce la presencia misma de Dios en donde se puede abandonar la vida sin miedo al rechazo o al juicio, con la certeza que en la mansedumbre y humildad nos vinculamos desde lo profundo de nuestro corazón y desde ahí, se destacan dos actitudes que se desprenden de su propia experiencia: la primera para entrar en las dinámicas relacionales de tal manera, que alcancemos la paciencia, que no nos dejemos llevar por nuestras emociones desbordadas, y más aún, que no guardemos resentimientos. La segunda: apunta al conocimiento de nosotros mismos, es decir, ser conscientes de nuestras propias fragilidades y límites, saber de qué estamos hechos; solo así, podremos llevar las cargas de la vida. Jesús nos recuerda una vez más, que podemos dejar en manos del Padre todos los cansancios y fatigas que nos agobian y desdibujan nuestra identidad más genuina.
¿Desde qué actitudes concretas me relaciono con el Señor y los demás?
Espíritu Santo, tú que conoces el barro del que estamos hechos, sabes de nuestras cargas y angustias, concédenos, por el poder de la Palabra, la humildad de reconocernos tal y como somos, para que conscientes de nuestros límites, podamos abrirnos a tu acción para encontrar el descanso en el corazón del Señor. Amén.
Reemplacemos las pesadas cargas del legalismo y el mundo por una relación de confianza. Ello implica: acudir al Señor, tomar su yugo y aprender de su mansedumbre para hallar descanso interior.
“Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio” (Mt 11, 29).
Jesús no promete una vida sin dificultades, sino que ofrece descansar en su gracia y aprender de su mansedumbre, transformando el agotamiento en paz interior.


