
Varios detalles de este evangelio nos llegan hasta el fondo del alma: la fe sin reservas de los que llevan el paralítico ante Jesús; la seguridad de que Jesús puede curarlo los lleva a vencer todo obstáculo hasta ponerlo ante Él. También admiramos la capacidad que Jesús tiene para ver la fe de sus corazones, y cómo esta le permite revelar el secreto que se esconde en él: Su poder de perdonar los pecados. Por ello, antes de sanar al enfermo, Jesús le dice: “Hijo, se te perdonan tus pecados”. Y luego para confirmar este poder divino de perdonar pecados, lo sana también de su parálisis. Jesús no es alguien que hace milagros, Él es el Señor, el Mesías, nuestro Salvador. Y que hermoso es poder constatar que Jesús solo nos pide la fe del corazón para sanarnos, salvarnos y transformar nuestra vida. Nos viene espontáneo pedir con todas nuestras fuerzas: ¡Señor aumenta nuestra fe!
¿Reconozco a Jesús como mi Señor y Salvador? ¿Confío en su poder de perdonar mis pecados? ¿Busco su perdón en el sacramento de la reconciliación? ¿Acudo a Jesús con confianza para dejar en Él, todas las heridas y necesidades que me paralizan en mi diario vivir?
Gracias Jesús, por venir a nosotros buscando a los tristes, enfermos y los que estamos paralizados en la vida por nuestro pecado; haz que confiemos y acojamos tu misericordia. Amén.
Quiero prepararme para recibir el sacramento de la reconciliación y aprovechar el perdón que Jesús gratuitamente me ofrece.
“¿Qué es más fácil decir a este paralítico: ‘Se te perdonan tus pecados’, o decir, ‘Levántate, toma tu camilla y anda’? Pues ahora ustedes sabrán que el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder para perdonar pecados. Y dijo al paralítico: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’”.
Todos estamos contagiados de por vida por el pecado, somos pecadores y lo seguiremos siendo, Jesús es el único que nos puede sanar, pero no quiere que nos olvidemos de nuestra debilidad. Cada vez que nos manda sanados, nos manda con la camilla como recordatorio de que no nos ha quitado la debilidad, sino que nos ha sanado para que volvamos una y otra vez, a su gracia y su perdón (José Antonio Pagola).


