16 de Agosto

San Esteban de Hungría
Jos 24, 1-13 / Sal 135, 1-3. 16-18. 21-22. 24 / Mt 19, 3-12.
Feria o ML. Verde o Blanco.

“Por lo tercos que son les permitió Moisés divorciarse de sus mujeres;
pero, al principio, no era así”

En aquel tiempo, se le acercaron unos fariseos para ponerlo a prueba y le dijeron: “¿Es lícito que un hombre despida a su mujer por cualquier causa? Él les respondió: “¿No han leído que desde el principio el Creador los hizo hombre y mujer? Y dijo: ‘Por eso el hombre dejará al padre y a la madre, se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne’. Así pues, ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió, que el hombre no lo separe”. Ellos le dijeron: “¿Por qué entonces Moisés ordenó darle un acta de divorcio y despedirla?”. Él les dijo: “Porque ustedes son tercos de corazón, por eso Moisés les permitió despedir a sus mujeres. Pero desde el principio no fue así. Por eso yo les digo: el que despida a su mujer –excepto en el caso de unión ilegítima–, y se case con otra, comete adulterio”. Entonces los discípulos le dijeron: “Si así es la situación del hombre respecto a la mujer, no conviene casarse”. Él les dijo: “No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay eunucos que han sido concebidos así desde el vientre materno, hay eunucos que fueron hechos así por los hombres y hay eunucos que se hacen tales a sí mismos por el reino de los cielos. ¡El que sea capaz de entender, que entienda!”.

Jesús invita a la fidelidad en el matrimonio, y los discípulos, como los hombres y mujeres de hoy, se espantan: si así es el asunto en el matrimonio, entonces es mejor no casarse. Ellos sabían por experiencia lo duro que es la convivencia matrimonial. La fidelidad en el matrimonio no es posible sin una gran madurez humana, pero tampoco sin una sólida vida espiritual. Conjugadas, ayudan a sobrellevar el peso enorme del hogar, la responsabilidad ardua de ocuparse de los hijos y de construir una relación en la que se encuentra plenitud y gozo. Con fe ¡es posible!

¿Cómo alienta Jesús nuestra vida de pareja y nuestra vida comunitaria?