15 de mayo

“No son ustedes los qQue sean uno como nosotros” 

(Jn  17, 11b-19)

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Jesús subraya que no ha pedido que los discípulos sean retirados del mundo, sino liberados del mal. Esa afirmación de Jesús es importantísima hoy porque el mundo cambió, ya no hay ningún país, aunque se diga católico, en el que la fe gobierne y determine las decisiones sociales. Ya no hay sociedades homogéneas en donde todos sus miembros se digan creyentes. Es más, la Iglesia ha constatado que allí donde se confiesa el catolicismo, muchas veces hay una fe muy superficial necesitada de mucha maduración.

La mayoría de la gente no toma sus decisiones guiada por el evangelio: ni los políticos, ni los economistas, ni los empresarios. Vivimos en un mundo descristianizado. La tentación entonces es huir del mundo, condenarlo. En cambio la propuesta de Jesús es mucho más radical, con la certeza que su Padre cuida a sus elegidos, él ora para que estos “sean uno como Jesús y su Padre, son uno”, sin necesidad de huir del mundo.  

 

Reflexionemos: Donde hay división no está Dios, él es comunión, unidad, diálogo. Y Jesús hoy pide a su Padre para que conservemos la unidad, la comunión como signo de nuestra fe.

 

Oremos: Señor Jesús, concédenos el don de la unidad, de ser artesanos de unidad. Amén.

 

Actuemos: Hoy me pregunto, ¿soy artesano de unidad en mi hogar, en mi colegio, en mi trabajo, en mi comunidad?, ¿que me falta para ello?

 

Recordemos: “No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo”.

 

Profundicemos: El maligno hará todo lo posible para que seamos signo de división donde nos encontremos. Nuestra lucha cotidiana será ser artesanos de unidad aun en medio de la adversidad.

 

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