
El camino trazado por las enseñanzas de Jesús implica la vida en vigilancia de la experiencia espiritual en relación a la búsqueda de la voluntad de Dios. Pasemos al evangelio de hoy. Dijo Jesús a sus discípulos: “Han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo les digo, no hagan frente al que los agravia” En el AT, la ley del talión era la medida que se tenía para administrar justicia frente a los agravios cometidos de un hermano contra otro; pero Jesús trae una nueva propuesta, con un estilo de vida radical. Un mundo cargado de violencia, dolor e injusticia, solo puede ser restaurado por la fuerza del amor, ya que las situaciones y ambientes que se crean a nuestro alrededor, dependen del modo de ser de la persona; la pedagogía de Jesús en cambio, es un llamado a poner límites a las situaciones hostiles y a la venganza. Él nos enseña a no devolver agresión por agresión, no se hace justicia haciendo daño al agresor, porque esto no solo lastima a quien ha provocado el daño sino también a quien quiere aplicar justicia por cuenta propia y en muchos casos lo que se genera es una violencia mayor. Otra de las enseñanzas de Jesús, es la de tratar de hacer el bien a la persona que nos ha ofendido, los actos que provienen de estos valores evangélicos, nos liberan del rencor y ponen fin a la cadena de odio generada de la venganza.
Cuando el amor se vuelve nuestra norma de vida, podemos darnos cuenta de las veces en que también nosotros hemos fallado y hemos recibido el perdón, las ofensas se pueden recordar, pero no debemos quedarnos en la amargura y el dolor, sino sanar esas heridas y como cristianos volver la mirada al corazón para recordar todo el amor y la misericordia de Dios para con la humanidad. Preguntémonos: ¿He tomado en serio mi trabajo espiritual, sintiendo que, gracias a él, puedo perdonar y ser una persona generadora de paz?
Maestro Divino, mueve mi corazón para sintonizar con el tuyo, permítenos amar como tú nos amas y servir con entrañas de misericordia. Amén.


