
El Evangelio de este día nos presenta la esencia del mensaje cristiano: la salvación ofrecida por amor y la respuesta humana ante la luz de Cristo. Dios amó al mundo hasta dar a su Hijo único. Nos dice que todo el que cree en Él recibe vida eterna. Por tanto, la salvación es un regalo gratuito, fruto del amor divino, no del mérito humano. Y Jesús es el puente entre Dios y la humanidad: la fe en Él hace posible la reconciliación de la humanidad con Dios. Cristo ha muerto por todos. Es la prueba del amor que Dios nos tiene por todos. Dios Padre envía a su Hijo para salvar el mundo del pecado, no para juzgarlo ni condenarlo; por tanto, quien cree en Jesús no es condenado, pero quien rechaza la luz que es Cristo permanece en su pecado. La luz revela la verdad y el mal se manifiesta al ser confrontado con esa verdad; la aceptación de la luz implica vivir según Dios, mientras la negación refleja resistencia al amor que Él nos ofrece. Por tanto, Dios, por amor incondicional, entregó a su Hijo para ofrecer salvación y vida eterna a quien crea en Él. Jesús es la luz que vino a salvar, no a condenar. La reflexión central del Evangelio nos invita a elegir la luz (sobre las tinieblas del pecado.
¿Respondo al amor de Dios con fe y coherencia de vida, confiando en la salvación que Cristo me ofrece? ¿Soy consciente del amor que Dios tiene por mí?
Señor Padre Santo, dame voluntad, valentía, humildad, sabiduría, templanza y alegría, para ser un verdadero testimonio de tu amor. ayudes a vivir siempre en tu luz y no en las tinieblas. Ayúdame a actuar con verdad y a que mis obras demuestren que vivo en ti. Amén.
Me comprometo a ser luz para los demás, reflejando el amor de Dios recibido.


