14 de julio

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“No he venido a sembrar paz, sino espada”
(Mt 10, 34 – 11, 1)

La Iglesia hoy nos propone celebrar la memoria de san Camilo de Lelis, un sacerdote italiano que encontró a Jesucristo en medio de los enfermos pobres, a los que amó y sirvió con todo su corazón. Fundó una congregación religiosa que conocemos como los Camilianos o Padres Camilos, quienes se dedican al cuidado y atención de los enfermos. Jesucristo ha venido al mundo como enviado del Padre para comunicarnos su amor y establecer entre los hombres su reino de paz y unidad, pero este designio aún no ha sido acogido por la humanidad. Cuando Jesús dice: “No piensen que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espada”, nos puede parecer contradictorio, pero es real. Cuando Él instruye a sus discípulos para ser enviados a la misión, también les habla de las persecuciones y de los diferentes desafíos a los que se deben enfrentar. Porque ser testigos de Cristo es optar por una vida de justicia, amor, misericordia y perdón. Una vida de fe, donde se conjuga la confianza en el Señor y la entrega desinteresada a los hermanos. Estas acciones no todos estamos dispuestos a asumirlas, ya que dentro de nuestra fragilidad humana, muchas veces dejamos que nuestro corazón se desvíe y caiga en la tentación haciendo que esos nobles propósitos se vuelvan fuente de discordia, envidia, odio, división. Muchas veces como testigos de Cristo podemos resultar incomodos con aquellos que no aceptan los preceptos del Evangelio. Pero es ahí donde debemos permanecer firmes y fieles al mandato divino, confiando en la promesa del Señor: “El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará”.

Reflexionemos:

Como testigos de Cristo, estamos llamados a cultivar la semilla de fe que Él ha sembrado en nuestro corazón desde el día de nuestro bautismo, y a permanecer fieles a su mandato de paz y amor. Preguntémonos ¿Qué me roba la paz interior? En mi familia o en el grupo de personas con las que a diario convivo, hay quienes no profesan mí mismo credo. ¿Sé actuar con libertad y coherencia para no desvirtuar el mensaje de Jesucristo? Pidamos la luz del Espíritu Santo para no caer en el error

Oremos:

Espíritu Santo, fuente de paz y comunión, haz que mi corazón permanezca siempre abierto a la gracia de Dios para que mi vida esté iluminada por la luz de la verdad. Amén.

Actuemos:

No tengo miedo de buscar y aspirar a la santidad.

Recordemos:

“El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños solo porque es mi discípulo, en verdad les digo que no perderá su recompensa”.

Profundicemos:

“Tenemos necesidad de santos y de comunidades santas, de Iglesias santas. Solo de este modo podremos invitar al mundo a creer en Jesucristo y en aquel que le envió” (E. Bianchi).

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