14 de febrero

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“La gente comió hasta quedar saciada"
(Mc 8,1-10)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Jesús contempla a la multitud y siente compasión. No es una emoción superficial, sino un amor concreto que lo mueve a actuar. Esa compasión es la misma que Dios tiene por nosotros cuando llegamos cansados, vacíos o con necesidad. Muchas veces pensamos que no tenemos suficientes recursos para enfrentar las dificultades: tiempo, fuerzas, paciencia, posibilidades. Como los discípulos, vemos la escasez y pensamos que nada se puede hacer. Pero Jesús siempre empieza preguntando: “¿Cuántos panes tienen?”. Él no pide lo que no tenemos; pide lo poco que sí podemos ofrecer. Y cuando lo ponemos en sus manos, lo multiplica. En nuestra vida diaria, Dios actúa así: toma lo pequeño —un gesto, una palabra, un esfuerzo— y lo convierte en alimento para muchos. En medio de la pobreza, el desempleo, el cansancio familiar o la soledad, esta Palabra nos invita a confiar y compartir lo que somos y tenemos. Jesús no abandona a la gente que “viene de lejos”; tampoco nos abandona a nosotros cuando caminamos por terrenos difíciles. Su presencia sacia, fortalece y anima a seguir. Lo poco, cuando pasa por sus manos, se vuelve abundancia. Jesús conoce nuestras necesidades y se compadece de ellas. La fe comienza cuando dejamos de mirar la escasez y empezamos a ofrecer aquello que tenemos. Dios siempre multiplica lo pequeño cuando lo ponemos en sus manos. Compartir abre caminos de esperanza para los demás y para nosotros mismos. El amor de Jesús nunca deja a nadie con hambre, ni de pan ni de consuelo.

Reflexionemos:

¿Qué “panes” puedo ofrecer hoy para que Dios los transforme en bendición? ¿Creo realmente que Jesús puede multiplicar mis pequeños esfuerzos? ¿A quién necesito alimentar con gestos concretos de amor y servicio?

Oremos:

Señor Jesús, que nunca pase de largo ante las necesidades de los demás. Que por más pequeños o insignificantes que sean mis panes, nunca deje de compartir todo aquello que desde mis posibilidades puedo ofrecer con gratuidad. Amén.

Recordemos:

Allí donde terminan nuestras posibilidades, comienzan las de Dios.

Profundicemos:

Dios multiplica lo poco que ofrecemos con generosidad.

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