
Jesús, al salir de la sinagoga, movido por el Espíritu va a la casa de Simón y sana a su suegra que está enferma. Comparte la alegría de la familia, y como la gente se entera de que está ahí, cuando llega la noche le llevan sus enfermos y Él los cura a todos, libera a los poseídos por el maligno, demostrando enérgicamente su poder sobre él. ¡Es hermoso ver cómo Jesús, aunque pasa toda la noche sanando y liberando de todo mal, a la madrugada se va solo a orar para agradecer al Padre que siempre está con Él y fecunda su misión con el poder de su Espíritu! Pero como la gente lo sigue buscando, los discípulos van a decírselo, y Jesús sin dejarse atrapar por la presión de los que ya han sido sanados, continúa llevando a otros pueblos la alegría y la esperanza del Reino de Dios. Jesús ha venido a traernos la liberación de todos nuestros males, dichosos quienes mantienen su corazón abierto para acoger la salvación que el Hijo de Dios ha traído a este mundo.
¿Acojo con alegría la llegada del Reino de Dios? ¿Tengo abierto el corazón para recibir la salvación que Jesús me está ofreciendo? ¿Estoy dispuesto a cambiar mi modo de vivir para entrar en el mundo nuevo traído por Jesús?
Gracias Jesús, nuestro liberador y salvador. Tu presencia en este mundo nos trae la alegría y la esperanza. Ayúdanos a descubrir tu presencia salvadora y acogerla con amor y gratitud. Amén.
Seguro de que el encuentro con Jesús me salva y libera de todos mis males, mantendré abierto mi corazón para acogerlo.
“Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: ‘Todos te buscan’. Él les dice: ‘Vayamos …a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido’. Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios”.
“El verbo griego escogido por el evangelista es egéiro, que, en el Nuevo Testamento, indica la “resurrección”, el levantarse de la muerte, de una condición de “no vida”. La enferma que yace en el lecho, incapaz de moverse, prisionera de la fiebre, representa a la humanidad entera a la que Jesús se acerca para introducirla en una condición nueva” (P. Fernando Armellini).


