
En este pasaje, los fariseos ponen a prueba a Jesús preguntándole si es lícito divorciarse por cualquier motivo. Jesús no entra en la discusión legal de su tiempo, sino que conduce a sus interlocutores al origen del proyecto de Dios: “Al principio no fue así”. Para Jesús, el matrimonio no es simplemente un contrato humano, sino una alianza de amor querida por Dios. El hombre y la mujer están llamados a formar una sola carne, una comunión de vida fundada en el amor, la fidelidad y la entrega mutua. Por eso, la indisolubilidad del matrimonio no debe entenderse primero como una carga o una norma jurídica, sino como la expresión de un amor que Dios hace posible con su gracia. Cuando los discípulos consideran muy exigente esta enseñanza, Jesús responde: “No todos pueden comprender esto, sino aquellos a quienes les ha sido concedido”. Con ello, enseña que tanto el matrimonio como la virginidad por el reino de Dios son vocaciones, dones que Dios concede y que requieren una respuesta libre y generosa. El Evangelio cuestiona las relaciones matrimoniales frágiles, frutos de una sociedad que ha perdido el sentido del verdadero amor y que proclama la infidelidad. Jesús nos propone navegar contracorriente y poder vivir relaciones de pareja en armonía, respeto, donde los hijos son el centro del hogar. Por eso, es tan necesaria la oración en familia. Que el Señor conceda la gracia de la fidelidad matrimonial.
En una sociedad tan erotizada y frágil en las relaciones y la fidelidad, ¿cuál es mi actitud con mi esposa, esposo, amigos o con las personas que me relaciono?
Señor Jesús, dame la gracia de la fidelidad para amar en libertad, respetando siempre al otro. Líbrame de las tentaciones que encuentro en mi camino y concédeme la sabiduría de enfrentar el mal cuando se cruce en mi camino. Amén.
Jesús nos enseña que el matrimonio es un plan de Dios desde el principio, donde dos personas se vuelven una sola carne y nadie debe romper ese lazo.
“De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido” (Mt 19, 6).
La indisolubilidad del matrimonio y el valor del celibato dentro del plan original de Dios.


