12 de Junio

San Gaspar Bertoni, presbítero
2 Co 3, 4-11 / Sal 98, 5-9 / Mt 5, 17-19. Feria. Verde.

“No he venido a abolir, sino a dar plenitud”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No piensen que vine a abolir la Ley o los Profetas. No vine a abolir sino a dar plenitud. En verdad les digo que mientras no desaparezcan el cielo y la tierra, tampoco desaparecerán ni una letra ni una coma de la Ley, hasta que todo se cumpla. Por tanto, el que pase por alto uno solo de estos mandamientos más pequeños, y así lo enseñe a los hombres, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. En cambio, el que los cumpla y los enseñe, será considerado grande en el reino de los cielos”.

Jesús no es un antilegalista, no es un anarquista que considere que la ley es innecesaria en la vida social o en las relaciones interpersonales. La ley tiene una importancia grande en la vida humana, como expresión de la voluntad común de respeto, como signo del bien común que los seres humanos buscan entre sí. Pero la ley no basta, porque la ley no apasiona el corazón; porque la ley no sostiene los esfuerzos del alma en la lucha contra la indiferencia, la injusticia y el egoísmo. Por eso Jesús relativiza la ley y propone otro camino de salvación. Este camino no suprime la ley sino que la sobrepasa. Es por eso un camino de plenitud, y su apellido principal se llama generosidad amorosa. Por eso decía san Agustín: “Ama y haz lo que quieras”.

¿Vivimos un cristianismo limitado a los mínimos legales: ir a misa todos los domingos,
confesarse una vez al año…?