
La mujer sirofenicia se acerca a Jesús con valentía y una fe que nace del dolor. No pertenece al pueblo judío, pero reconoce en Jesús la única esperanza para su hija. Esta Palabra muestra que Dios escucha el grito sincero de quienes se acercan con humildad y perseverancia, aun desde la periferia social, cultural o espiritual. La respuesta inicial de Jesús puede desconcertar, pero revela un diálogo que purifica la fe y la hace más fuerte. Esa mujer no se rinde; cree que incluso una migaja de Dios basta para transformar una vida. En nuestras realidades también hay situaciones que parecen cerradas: enfermedades, familias heridas, hijos que sufren, angustias que nos superan. La Palabra nos enseña a no desistir de la oración, a presentar nuestras luchas con sinceridad y a confiar en que el Señor actúa incluso cuando parece guardar silencio. Jesús cruza fronteras y rompe barreras para sanar; ningún corazón es demasiado lejano para Él. La fe humilde abre puertas, ensancha el corazón y hace posible lo que parecía imposible. Dios se deja tocar por quienes suplican desde lo profundo, sin máscaras ni excusas. La fe de la mujer sirofenicia nace del amor por su hija y de la certeza de que Jesús puede sanar. Dios escucha a quienes se acercan con humildad y perseverancia. A veces el dolor purifica nuestra fe y nos hace más auténticos. Una pequeña apertura a Dios puede desatar milagros inesperados. Jesús rompe fronteras para abrazar a quienes el mundo considera “lejanos”.
¿Qué situación de mi vida necesita la fe perseverante de esta mujer? ¿Creo realmente que Dios puede obrar incluso cuando todo parece cerrado? ¿A quién debo acercarme hoy con la misma compasión y confianza que ella mostró?
Señor, como la mujer sirofenicia pongo hoy a tus pies las realidades de enfermedad de mi familia y de todas las personas que sufren. Sánalos con el don de tu Palabra e infúndeles esperanza para seguir con fe y fortaleza su camino. Amén.
"También los perritos comen las migajas"
La fe humilde y persistente conmueve el corazón de Dios.


