
El evangelio de hoy nos deja ver cómo cuando Juan terminó su misión, Jesús se fue a Galilea y comenzó a proclamar la llegada del Reino de Dios: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva”. Con esta invitación fuerte y radical a cambiar la mente y el corazón, Jesús dio comienzo al mundo nuevo, iniciando con su modo de vivir y sus enseñanzas el Reinado de Dios en este mundo. Pero Jesús no realizará solo esta gran misión porque Él, que vive en comunión con el Padre y el Espíritu Santo, quiere extenderla en el mundo, formando “una comunidad de hermanos” que vivirán con Él y como Él, y lo acompañarán en su misión. Por eso, mientras camina a la orilla del mar al ver a unos pescadores que echan sus redes, se les acerca como un hermano y los invita diciendo: “Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres”. Ellos eran dos hermanos Simón y Andrés, expertos pescadores; y otros dos hermanos Santiago y Juan que arreglaban las redes con su padre. Fue tan profunda la atracción que despertó en sus corazones la presencia y el llamado de Jesús, que al instante “dejándolo todo” se fueron con Él.
¿Cómo llegó Jesús a mi vida?, ¿cómo me atrajo? ¿Cuál es la historia de mi seguimiento de Jesús? Conociendo a Jesús y estando con Él, ¿qué ha cambiado en mi existencia?
Gracias Jesús, porque tocaste mi corazón y me hiciste sentir, que estar contigo y vivir como tú, es encontrar el sentido verdadero de la vida. Ayúdame a responder a tu llamado con decisión y alegría. Amen
Hoy tomaré un tiempo de oración para agradecer el Señor mi vocación cristiana y la dicha de pertenecer a la Iglesia, comunidad de los que siguen a Jesús.
Jesús les dijo: “Vengan conmigo, y los haré llegar a ser pescadores de hombres”. Al instante, dejando las redes, le siguieron.
Seguir a Jesús es una aventura que requiere dejar las redes viejas y aventurarse en la novedad del Evangelio. No se puede posponer la respuesta a Dios; la oportunidad del Reino es ahora.


