11 de Octubre

San Juan XXIII, papa
Jl 1, 13-15; 2, 1-2 / Sal 9, 2-3. 6. 16. 8-9 / Lc 11, 15-26. Feria. Verde.

“Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios
ha llegado a ustedes”

En aquel tiempo, habiendo expulsado Jesús un demonio, algunos de entre ellos dijeron: “Expulsa los demonios en el nombre de Belzebú, jefe de los demonios”. Pero otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: “Todo reino dividido contra sí mismo se destruye y se derrumba casa sobre casa. Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo podrá mantenerse firme su reino? Porque ustedes dicen que yo expulso los demonios en el nombre de Belzebú. Entonces, si yo expulso los demonios en el nombre de Belzebú, los hijos de ustedes, ¿en nombre de quién los expulsan? Por eso ellos serán los jueces de ustedes. Pero, si yo expulso los demonios por el dedo de Dios, es porque el reino de Dios llegó a ustedes. Cuando un hombre poderoso y bien armado custodia su palacio, sus bienes están seguros. Pero si llega uno más fuerte que él y lo vence, le quita su armadura en que confiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo desparrama. Cuando el espíritu impuro sale del hombre, pasa por lugares áridos buscando descanso y, al no encontrarlo, dice: ‘Volveré a mi casa de donde salí’. Al llegar la encuentra barrida y arreglada. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, entran, se establecen allí y la situación final de aquel hombre resulta peor que la primera”.

A Jesús lo acusaron de endemoniado. Sus adversarios decían que expulsaba los demonios porque Él estaba poseído por el demonio. Los argumentos de Jesús son contundentes. Podemos extraer cuatro. El primero es profundo: el demonio no puede estar en guerra contra él mismo. Nadie lucha contra sí mismo, ni siquiera el demonio. Solo aquel que ha sido poseído tiene el corazón dividido y está contra sí mismo. Segundo, ¿acaso están sus hijos endemoniados? Porque Jesús le había dado ese poder a sus discípulos y algunos de ellos eran hijos de los oponentes de Jesús. Tercero, vencer el mal, hacer retroceder el imperio del maligno es un signo de la presencia de Dios. Porque Dios está contra el mal. Cuarto, Jesús es más fuerte que el mal. El amor de Dios es más fuerte que todo. Y Jesús termina advirtiéndoles: Cuidado terminan ustedes, que se creen muy puros, siendo objeto de una legión de demonios.

¿Sabemos que con Jesús ha llegado la hora de la victoria sobre el mal?