
Para dar continuidad a la obra del Reino de Dios entre nosotros, Jesús, toma la iniciativa de llamar y enviar a sus discípulos con una misión clara: “Vayan y proclamen que el Reino de los Cielos está cerca”. Esta misión va acompañada de algunos signos: “Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, arrojen demonios”. Sin duda, en estas acciones concretas se manifiesta la presencia del Señor que pasa sanando, restaurando y liberando a la persona de todo quebranto. “Lo que han recibido gratis, denlo gratis”. La gratuidad de la misión es una invitación al reconocimiento de que Dios en su paso, está haciendo nacer algo nuevo en nuestra vida, ya que todo es gracia y don. También Jesús forma a sus discípulos para que vayan a anunciar el Reino de Dios con un corazón sensible, rebosante de amor y despojado de seguridades materiales, pero sí abierto a la Providencia Divina: “No lleven en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón”; bien merece el obrero su sustento”. En la misión de ser anunciadores del Reino de Dios debemos estar abiertos a la acogida y tener un corazón dócil, para transparentar con humildad, caridad fraterna y alegría, la pobreza evangélica y ser portadores de la paz que el Señor Resucitado nos concede y con el que cada día está visitando nuestra humanidad herida.
Muchas veces el ruido, el cansancio, las múltiples actividades, nos distraen y no nos permiten descubrir la novedad que trae Dios para nosotros en cada amanecer. Preguntémonos: ¿Soy consciente que mi vida es Evangelio y que para evangelizar debo tener un corazón abierto para acoger la semilla del Reino que los otros también me están comunicando?
Señor Jesús Divino Maestro, bendito seas por tu bondad; te doy gracias por el don de tu Espíritu que alimenta mi fe para ser mensajero de tu verdad e instrumento de tu paz. Amén.
Cultivo relaciones sanas y llevar un saludo de paz a cada hogar o lugar que se frecuente, aportando armonía y buena voluntad al prójimo.
“Curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron; denlo gratis” (Mt 10, 8).
Los dones y la gracia de Dios no se compran ni se venden. El servicio pastoral y la evangelización deben darse por amor, sin buscar lucro.


