
Los discípulos llegan a Jesús con una pregunta que nace de una lógica muy humana: “¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?”. Están preocupados por los puestos, el reconocimiento y el prestigio. También sus discípulos quieren ocupar los primeros puestos; no han logrado comprender la lógica del seguimiento. Por eso Jesús llama a un niño y lo pone en medio de ellos. Un niño no tiene necesidad de prestigios, ni tiene ambiciones, él es transparente y ve la vida de otra forma. También dentro de la cultura judía un niño, igual que la mujer, son excluidos socialmente. El problema que plantea Jesús no es quién es el más grande, sino qué clase de persona puede entrar en el reino de Dios. Antes de hablar de grandeza, Jesús habla de conversión: “Si no cambian...”. El verbo indica un cambio profundo de mentalidad, de criterios y de forma de vivir. Jesús da el valor que corresponde a la persona, sin exclusión social, optando por los pequeños, los sencillos, los humildes, los pobres; ellos son los que heredarán el reino de los cielos. En esto consiste el discipulado: en salir de nuestras categorías humanas para colocarnos al lado del otro, en actitud de servicio.
A veces nos creemos más que los demás por el dinero, los estudios, el cargo que ocupamos; por eso, es tan importante preguntarnos: ¿Cómo tratamos a las personas que trabajan con nosotros, a familiares, a las personas sencillas?
Señor Jesús, Divino Maestro, enséñame a amar y concédeme un corazón misericordioso para que pueda ayudar a aquellos que viven momentos difíciles, que se encuentran en la calle, en la cárcel, están enfermos o viven situaciones críticas. Que siempre dé testimonio de ti con mis palabras. Amén.
Vivamos la humildad, cuidemos de los vulnerables y busquemos al necesitado. Cambiemos nuestra forma de actuar ante Dios y los demás.
“De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños” (Mt 18, 14).
La verdadera grandeza en el reino de los cielos se alcanza mediante la humildad, el cuidado de los más vulnerables y el amor misericordioso de Dios, quien busca a los perdidos.


