10 de octubre

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios”
(Lc 11, 27-28)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

Queridos hermanos, el evangelista san Lucas nos presenta hoy una bienaventuranza que, en primera instancia, parece dirigida a la Virgen María. Una mujer del pueblo se levanta y exclama: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”. Es un elogio a la Madre de Jesús, reconociendo el privilegio de haberlo engendrado y alimentado. Pero Jesús, con su respuesta, nos invita a ir más allá. Él amplía esta bienaventuranza y la lleva a un plano más profundo: “Dichosos más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”. María ciertamente es digna de alabanza, no solo por su vínculo físico con el Hijo de Dios, sino porque supo escuchar, creer y vivir la Palabra con fidelidad. María es bienaventurada porque su maternidad se une a una fe obediente y activa. Ella no se limita a ser madre biológica; es madre creyente, discípula fiel, mujer que encarna la Palabra en gestos concretos de vida. Este Evangelio nos recuerda que la verdadera dicha no está solo en la emoción o la admiración, sino en el compromiso. Escuchar, creer y vivir: tres verbos que nos muestran el camino del discípulo. La Palabra de Dios no es un adorno ni un sentimiento pasajero; es una llamada a la fidelidad, a encarnarla en lo cotidiano, en nuestras decisiones, en nuestras relaciones, en nuestra manera de servir. Así como María, también nosotros estamos invitados a ser bienaventurados: no solo por escuchar, sino por dejar que la Palabra transforme nuestra vida. Que hoy podamos renovar nuestro compromiso de ser discípulos que escuchan con atención, creen con confianza y viven con coherencia la voluntad de Dios.

Reflexionemos:

¿De qué manera me identifico con María como oyente y cumplidor (a) de la Palabra? ¿Qué obstáculos encuentro para escuchar con atención la Palabra de Dios?

Oremos:

Señor Jesús, Maestro Divino, concédeme un corazón atento para escuchar tu voz, una fe firme para creer en tus promesas y una vida coherente para encarnar tu voluntad en lo cotidiano. Amén.

Actuemos:

Me comprometo a dedicar un momento diario a leer el Evangelio y dejar que toque el corazón.

Recordemos:

Jesús le respondió: “Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican” (Lc 11, 28).

Profundicemos:

La verdadera felicidad y la bendición más alta provienen de escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica.

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