10 de marzo

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Si cada cual no perdona a su hermano, tampoco el Padre los perdonará”
(Mt 18, 21-35)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

El perdón es una de las experiencias humanas más fuertes que manifiestan la vivencia de la auténtica caridad en la práctica de la vida cristiana. Sin embargo, la enseñanza del Evangelio hoy nos llama a vivir esta dimensión siempre y no solo algunas veces, o aún más pensando en el límite de nuestras condiciones humanas. En la vivencia práctica, el perdón tiene sus dimensiones y profundidades, no es fácil vivirlo cuando las acciones han herido o vulnerado lo más sagrado de la vida y su dignidad; allí, la experiencia del perdón alcanza el misterio del sincero abrazo, pero el perdón tiene un color y una tonalidad única e irrepetible en cada persona, en cada historia. El ajuste de cuentas del rey del que nos habla el Evangelio de hoy, parece enseñarnos cómo el perdón es una característica del amor perfecto de Dios a los hombres. Pero Él necesita de nosotros para que su misericordia llegue a los demás. Quiere que nosotros seamos instrumentos de su perdón. Quiere mostrarles a los seres humanos su perdón a través de nosotros. Cuando nos invita a amar como Él mismo nos ama, también se refiere al perdón. El perdón es la perfección de la caridad El perdón es una experiencia de misericordia y benevolencia. Si los demás han sido misericordiosos conmigo, yo estoy llamado a ser misericordioso. Es a la vez una actitud de paciencia; paciencia con los procesos, con las personas, con las experiencias. La práctica del perdón es vida, de ahí la invitación a cultivar la perfección: “setenta veces siete”, como estilo, como búsqueda de caridad cristiana, porque la imperfección de la condición humana en la vida personal o comunitaria siempre estará condicionada por la fragilidad, pero en el encuentro con el amor misericordiosos de Dios el barro, la limitación, siempre estará abierto al abrazo del Padre que es encuentro, que es misericordia.

Reflexionemos:

Vuelvo la memoria a la forma como en mi camino de discipulado, desde la práctica de vida cristiana, he vivido y vivo la experiencia del perdón hoy.

Oremos:

Señor Jesús, concédeme vivir este tiempo de preparación a la celebración del misterio pascual desde la gracia del perdón como una oportunidad de encontrarme conmigo mismo y con los demás. Ayúdame a ser humilde y a aceptar mis propios defectos y los de las personas que están a mi lado. Amén.

Actuemos:

Busco encontrarme con la experiencia del perdón a través del sacramento de la confesión y hago del tiempo de Cuaresma un tiempo propicio para la reconciliación, sobre todo con aquellas experiencias que en mi corazón pesan desde mucho tiempo atrás.

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