
Aquellos que están llamados por Dios para una misión saben que las implicaciones no serán distintas a las de Jesús: rechazo, azotes, traición. Están llamados a reproducir en medio de la hostilidad del mundo el reino; esto es dar testimonio, ser testigos. Al enviar a los Doce a misión, Jesús les recuerda una vez más que cumplir con el envío y dar fe de él no es fácil. Ya antes les ha dicho lo que no deben llevar, ahora los invita a asumir las actitudes propias de quien va en nombre del Señor: lo primero es estar siempre vigilantes y atentos, a no ser ingenuos porque en el corazón del ser humano también hay maldad; pero no por ello deben dejarse robar la confianza en quienes saben compartir y acoger la vida. Es fundamental abandonarse y dejarse guiar por el don del Espíritu, pues es a través de Él que el Padre garantiza el éxito de la misión. La experiencia que narra el evangelista en labios de Jesús, refleja aquello que vivieron las primeras comunidades en tiempos de persecución y padecimientos; experiencia que es leída en clave de cruz, camino discipular por excelencia en el Evangelio. Hoy, estamos llamados a seguir más que nunca estás indicaciones, pues la misión requiere de una fe inteligente y humilde, y es desde estos escenarios, donde podemos disponernos para que el Espíritu guíe nuestros senderos. Lo nuestro es ser dóciles y fieles a Dios para discernir los caminos por donde la Buena Nueva necesita ser llevada.
¿Reconozco la acción del Espíritu en mi vida cotidiana disponiendo el corazón para hacer frente al mal que se presenta en el camino?
Espíritu Santo, tú eres brisa suave que orienta los caminos del corazón; ayúdanos a discernir los llamados que la Palabra hace a nuestra vida, para que podamos estar despiertos ante las amenazas que asechan nuestra fe; haznos dóciles a tu presencia, para que cada decisión que tomemos sea fruto de tu acción en nosotros. Amén.
Mantengamos la fidelidad y la confianza absoluta en Dios frente a la hostilidad del mundo. Jesús al enviar a sus discípulos “como ovejas en medio de lobos” exhorta a balancear la astucia con la pureza y a confiar plenamente en que el Espíritu Santo guiará nuestras palabras en los momentos de prueba.
“Porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes” (Mt 10, 20).
Jesús enseña a combinar la prudencia y la sinceridad, y asegura que, en medio del rechazo, el Espíritu Santo hablará a través de sus discípulos, pidiéndoles perseverancia ante la adversidad.


