
El evangelio que escuchamos nos deja ver a Jesús y a Juan Bautista realizando la misma actividad, ambos están bautizando. Cada uno de ellos actúa con plena libertad en obediencia a Dios. Pero los discípulos de Juan se inquietan porque muchos están siguiendo a Jesús y tal vez temen que su maestro pase a un segundo plano. Pero Juan que es muy consciente de la misión que Dios le ha confiado, reconoce que su ministerio ha llegado ya a su final. La respuesta de Juan nos indica la actitud fundamental para que Cristo llegue a ser el centro de nuestra existencia. Volvamos sobre ella permitiendo que toque nuestro corazón y se convierta en nuestro itinerario de fe día tras día: “Ustedes mismos son testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de él. El que tiene a la novia es el novio; más el amigo del novio…goza grandemente al oír la voz del novio; así pues, este, mi gozo, ha sido cumplido. Es necesario que él crezca, y que yo disminuya”. Juan no busca ningún protagonismo personal cumple su misión con profunda humildad y libertad interior; es feliz de desaparecer para que el Mesías anunciado por Él, sea reconocido y seguido por todos.
¿Logro descubrir la belleza y profundidad del testimonio que Juan Bautista nos da para seguir a Jesús? ¿Vivo mi fe con libertad interior o albergo en mi corazón algún interés egoísta: ganar la estimación de los demás, ocupar los primeros puestos, ser protagonista?
Señor Jesús, despoja mi corazón de todo interés humano y deseo de protagonismo para que se centre más en ti. Ayúdame a disminuir mi yo para que tú crezcas en mi vida. Amén.
Quiero hacer cada día un buen examen de conciencia para darme cuenta y pedir perdón de los intereses egoístas que albergo en mi corazón.
El que tiene a la novia es el novio; pero el amigo del novio, el que asiste y le oye, se alegra mucho con la voz del novio. Esta es, pues, mi alegría, que ha alcanzado su plenitud. Es preciso que él crezca y que yo disminuya..
“Es necesario que él crezca y yo disminuya" significa que hemos de dejar atrás el egoísmo, el orgullo y las ambiciones personales para que Jesús se convierta en el verdadero protagonista de nuestra vida (Papa Francisco).


