
Este Evangelio nos muestra un encuentro de Jesús con sus discípulos después de la resurrección, que combina experiencia cotidiana y revelación divina. Pedro el “discípulo amado” (Juan) y otros de los discípulos regresan a pescar, sin reconocer aún al Resucitado, representando así la vuelta a la rutina ante la desilusión que experimentaron tras la crucifixión. La pesca fallida simboliza la impotencia humana sin la guía de Jesús. La escena muestra también el contraste entre el esfuerzo humano y la acción divina. Jesús aparece en la orilla, pero los discípulos no lo reconocen. Les indica que echen la red a la derecha del barco. Es así que pescan pescados en abundancia. Este milagro recuerda la pesca inicial de Pedro y su llamado a “ser pescador de hombres” (Cf. Mt 4,19; Mc 1,17). El reconocimiento llega cuando Pedro comprende que es el Señor. Juan en el capítulo 21 nos enseña que el Resucitado se encuentra en la vida cotidiana, incluso, en medio de actividades normales. Que su intervención transforma lo inútil en abundante, mostrando el poder de su guía, y que la comunión con Jesús se expresa en el compartir y en reconocer su presencia. En síntesis, esta lectura nos invita a confiar en la voz de Jesús, incluso, cuando nos sentimos cansados o frustrados. Nos recuerda que Él nos espera en la “orilla” de nuestra vida diaria para transformarnos en “pescadores de hombres” y renovar nuestra misión.
El texto nos invita a confiar en Jesús en medio de nuestra vida diaria, a agudizar nuestro oído interno para escucharlo y a ver con los ojos de la fe para reconocerlo en los acontecimientos ordinarios. Para ello se necesita hacer experiencia de encuentro con Él. Por tanto, preguntémonos: ¿Cómo me relaciono con Jesús en lo cotidiano? Al igual que los discípulos en su trabajo diario, ¿veo la mano de Dios en mi rutina o espero señales?
Señor Jesús, tú que me hablas por medio de tu Palabra y me alimentas con la Eucaristía, dame la gracia de ser fiel a tu amor en el servicio a los demás. Al reconocerte, quiero como Pedro, lanzarme al agua para estar contigo, y servirte en la misión que me encomiendes, trabajando en unidad. Amén.
Mantengo la fe en los momentos de oscuridad o duda, reconociendo que la verdadera pesca (éxito) proviene de la guía del Señor.


