01 de octubre

Caminando con Jesús

Caminar con Jesús permitió a los discípulos experimentar, de primera mano, la compasión y la gracia de Dios en acción. Caminar con Jesús hoy, no debería ser diferente. Su compasión y su gracia siguen disponibles para quien quiera experimentarlas.

“Está llegando a ustedes el reino de Dios”
(Lc 10, 1-12)

Permitamos que la Palabra de Dios entre a nuestra vida:

El Evangelio de hoy nos deja una pregunta frontal: “El Reino de Dios está cerca”, pero, ¿ya estamos viviendo en él o todavía nos sentimos lejos? Jesús nos dice que la cosecha es abundante pero los obreros son pocos. Y, sin embargo, no acepta a cualquiera ni busca multitudes. A Jesús no le interesan los números; le interesa la calidad del corazón. No busca aplausos, busca testigos. Y para eso, nos deja tres claves esenciales para la misión: - Primero, nos envía por delante de Él. La misión no es para promocionarnos a nosotros mismos ni para imponer “nuestra” verdad. Nosotros no somos los salvadores; solo nos toca preparar el camino para que sea Jesús quien llegue, toque y sane los corazones heridos. - Segundo, nos envía de dos en dos. Cuidado con los “llaneros solitarios” en la fe. Jesús nos manda en comunidad. No vamos a dar clases de teología ni a buscar adeptos; vamos a dar un testimonio creíble de amor, y el amor solo se demuestra en convivencia y fraternidad. - Tercero, la orden es clara: “Pónganse en camino”. No nos quiere instalados ni pasivos. Hay que salir al encuentro de los más alejados. Para esto, sirven nuestros ministerios: no para ostentar un título, sino para ponernos en marcha. El Reino ya irrumpió. No esperemos a ser perfectos: pongámonos en camino hoy mismo para que otros puedan encontrarse con el Señor.

Reflexionemos:

¿Soy consciente de que la misión no es solo para unos pocos, sino una llamada diaria del Señor para mi vida? ¿Procuro recordar que los frutos de la fe no dependen de mis capacidades, de mi inteligencia o mis talentos personales, sino únicamente del Maestro Divino que nos envía?

Oremos:

Señor Jesús, líbrame del afán de autosuficiencia y enséñame a caminar ligero de equipaje. Dame un corazón disponible para llevar tu paz a mi hogar y mi ciudad, confiando siempre en que es tu gracia la que transforma mi vida. Amén.

Actuemos:

Escucha a tu familia o a tus amigos cercanos sin interrumpir, sin juzgar y sin prisa. A veces, la forma más concreta de anunciar la paz de Cristo en el hogar es regalar tiempo y serenidad a quien lo necesita.

Recordemos:

Ir “de dos en dos” corrige nuestra tendencia al protagonismo personal. Nos recuerda que no anunciamos nuestra verdad ni buscamos nuestro éxito, sino que somos portadores de un proyecto de comunión.

Profundicemos:

En la cultura bíblica, la presencia de dos testigos era el requisito mínimo para que un testimonio tuviera validez legal y moral (cf. Dt 19,15). Sin embargo, cuando Jesús envía a sus discípulos de dos en dos, no está cumpliendo un mero formalismo jurídico. El envío en pareja revela que el primer y más convincente anuncio del Evangelio no es lo que los discípulos dicen, sino cómo se relacionan entre sí.

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