
Busquen el bien, no el mal, y vivirán, y así el Señor, Dios del universo, estará con ustedes, como pretenden. Odien el mal y amen el bien, instauren el derecho en el tribunal. Tal vez el Señor, Dios del universo, tenga piedad del Resto de José. “Aborrezco y rechazo las fiestas de ustedes –dice el Señor—, no acepto sus asambleas. Aunque me presenten holocaustos y ofrendas, no me complaceré en ellos, ni miraré las ofrendas pacíficas con novillos cebados. Aparta de mí el estrépito de tus canciones; no quiero escuchar la melodía de tus cítaras. Que fluya como agua el derecho y la justicia como arroyo perenne”.
L: Palabra de Dios
T: Te alabamos, Señor
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte; Israel, voy a dar testimonio contra ti; –yo soy Dios, tu Dios– / R.
No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa, ni un cabrito de tus rebaños / R.
Pues las fieras de la selva son mías, y hay miles de bestias en mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo, tengo a mano cuanto se agita en los campos / R.
Si tuviera hambre, no te lo diría; pues el orbe y cuanto lo llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros, beberé sangre de cabritos? / R.
¿Por qué recitas mis preceptos y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos? / R.
Por propia iniciativa el Padre nos engendró con la palabra de la verdad, para que seamos como una primicia de sus criaturas.
“¿Has venido aquí a atormentar a los demonios antes de tiempo?”
En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos. Desde los sepulcros dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: “¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo?”. A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba hozando. Los demonios le rogaron: “Si nos echas, mándanos a la piara”. Jesús les dijo: “Vayan”. Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y murieron en las aguas. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.
S: Palabra de Dios
T: Gloria a ti, Señor Jesús
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