1 de Enero

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
Nm 6, 22-27 / Sal 66, 2-3. 5-6. 8 / Ga 4, 4-7 / Lc 2, 16-21.
Propio de la Solemnidad. Blanco.

Los pastores encontraron a María, a José y al niñito, que a los ocho días recibió
el nombre de Jesús 

En aquel tiempo, los pastores fueron de prisa y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho acerca del niño. Y todos los que escucharon se admiraron de lo que los pastores les decían. María, mientras tanto, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores regresaron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que vieron y oyeron, tal como se les habían anunciado. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarlo, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción en el seno materno.

Comenzamos el año celebrando a María, la Madre de Dios. Porque su Hijo, que recibe hoy la circuncisión en el templo, es Dios con nosotros. Ese bebé acostado en un establo es Dios, a quien, con los pastores, venimos a adorar; a quien, con María, venimos a meditar guardando en el corazón lo que nos dice: que ha venido para hacernos herederos de Dios, para hacernos hijos de Dios, para hacer brillar el rostro de Dios ante nosotros. María, su Madre, sigue dándonos a su Hijo, María se convierte así en nuestra Madre, en Madre de la Iglesia, en protectora de todos aquellos que acogen a su Hijo e intentan vivir cada año como Hijos de Dios.

¿Por qué no encomendar los planes para este año a la Virgen y pedirle que sean según la voluntad
de su amado Hijo Jesucristo?