
Iniciamos este nuevo año 2026 perdonados, recreados y transformados por la gracia del año Jubilar, y celebrando con amor filial la fiesta de Santa María Madre de Dios, a quien confiamos nuestra humanidad herida, en esta nueva Jornada Mundial de la Paz. En una sociedad que va perdiendo su confianza en Dios y tiende a poner su seguridad en los poderes de este mundo, nosotros los que seguimos a Jesús, queremos dar los primeros pasos de este nuevo año recargados de esperanza y con la seguridad puesta en Dios, en su Palabra y en María, su madre bendita, la portadora de nuestra esperanza; y como los pastores corremos solícitos al encuentro del Señor que ha venido a vivir entre nosotros identificado con los más humildes de la tierra. Y con el corazón lleno de gozo queremos decirle al mundo que Dios está con nosotros y camina a nuestro lado. Es Él quien puede transformar nuestra vida y dar el vuelco definitivo a nuestra historia.
¿Qué sentimientos despierta en mi corazón este acontecimiento? ¿Creo de todo corazón que Dios está en medio de nosotros y con Él toda transformación es posible? ¿Quiero estar cerca de Él, aprender de Él, dejarme guiar por Él?
Gracias Padre, por enviar al mundo a tu Hijo Eterno para que fuera nuestro hermano y nos hiciera a todos hijos tuyos. Gracias, por elegir a María la niña de Nazaret como madre suya. Danos un corazón humilde como el de María y solícito como el de los pastores. Amén.
Quiero iniciar este año con el corazón abierto para acoger a Dios que vive entre nosotros, escuchando su Palabra, y buscando en todo, lo que agrada a Dios.
“María observaba todas estas cosas meditándola en su corazón”.
“Para la Madre de Dios el gran acontecimiento sucedido no es un recuerdo del pasado, sino una experiencia que seguirá viviendo y actualizando a lo largo de su vida. Creer en Jesús Salvador, no es recordar acontecimientos de otros tiempos, sino experimentar hoy su fuerza salvadora, capaz de hacer más humana nuestra vida” (José Antonio Pagola).


