Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí (Jn 6, 45)

 

En este segundo jueves de Pascua, Jesús sale nuevamente a nuestro encuentro para recordarnos que él, es “el pan que da la vida”. Un pan que ha bajado del cielo para mostrarnos la cercanía de Dios hacia cada uno de sus hijos y comunicarnos sus enseñanzas. A través de la figura del pan, Jesús nos revela su kénosis, es decir, la manera como al hacerse uno de nosotros, se abaja de tal modo, que podamos mirarnos en él y experimentar su salvación: “El pan que voy a dar es mi carne, para la vida del mundo”. Jesús escoge un signo tan cotidiano y necesario como el pan, para mostrarnos que sin él, nuestra vida languidece, pierde fuerza, vitalidad y sentido: El pan que baja del cielo es el que no deja morir al que lo come”. Pidamos al Señor que nos ayude a alimentarnos cada vez más con su vida, a través de la escucha atenta de su Palabra. Así mismo, la capacidad de aprender a reconocer en ella, nuestra mayor fuente de salvación.

 

Reflexionemos:

¿Qué lugar ocupa la Palabra de Dios en nuestra vida?, ¿cómo podemos alimentarnos más de ella?

 

Oremos:

Ayúdanos, Señor, a reconocer que tú eres el pan verdadero que alimenta y da sentido a nuestra existencia. Ayúdanos, a abrir nuestro corazón a tu Palabra y a reconocer en ella los signos de salvación que a diario nos ofreces. Amén.

 

Recordemos:

Jesús nos nutre y alimenta con su Palabra.

 

Actuemos:

Reservemos un espacio de nuestra jornada para orar con la Palabra de Dios y alimentarnos con las enseñanzas que Dios nos comunica a través de ella.

 

Profundicemos:

La Palabra de Dios sale a nuestro encuentro cada día para iluminar y fortalecer las diferentes realidades que vivimos (Libro: Pedir la salud con la Palabra de Dios).

 

A pesar de haber visto no creen(Jn 6, 36)

 

La Pascua es un tiempo en el que el Resucitado sale a nuestro encuentro para ayudarnos a fortalecer nuestra experiencia de fe y reconocer las actitudes o experiencias que nos impiden vivirla con plenitud. Tal vez, como los judíos de Cafarnaún a los que Jesús se dirige en el evangelio de hoy, nos cuesta creer y reconocer en él, el alimento verdadero que nos comunica y hace presente la vida del Padre: “Yo soy el pan que da la vida: quien viene a mí no pasará hambre; quien cree en mí nunca tendrá sed”. Como seres humanos experimentamos vacíos personales o  percibimos carencias en nuestro entorno, que nos llevan a anhelar una vida más plena y fecunda. Jesús con su vida y sus enseñanzas quiere mostrarnos que solo en él podremos saciar nuestra necesidad de sentido, amor y felicidad: “Esto es lo que quiere el Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna; y yo lo resucitaré en el último día”. Pidamos al Señor, en este día que aumente nuestra fe y nos lleve a reconocer en su vida, el pan verdadero que da sentido verdadero nuestra existencia.

 

Reflexionemos:

¿Qué vacíos o carencias personales necesitamos alimentar con la presencia de Dios?, ¿cómo podemos unir nuestra vida más a Dios en este tiempo de Pascua?

 

Oremos:

Aliméntanos, Señor, cada día con el pan de tu Palabra para experimentar el gran amor que Dios nos tiene y dar sentido nuevo, a los vacíos y carencias que ha despertado en nosotros la pandemia. Amén.

 

Recordemos:

Jesús nos alimenta y fortalece con su vida y su Palabra.

 

Actuemos:

Confiemos al Señor en la oración de esta jornada, las carencias y los vacíos personales que vivimos. Pidámosle que nos nutra y consuele con su vida y enseñanzas.

 

Profundicemos:

La oración es el medio privilegiado que Dios nos da para confiarle todo aquello que nos pasa y reconocer los vacíos personales que necesitamos trabajar y de su mano podemos transformar  (Libro: Sánate interiormente).

 

“Señor, danos siempre ese pan” (Jn 6, 34)

 

El tiempo de Pascua nos lleva a reconocer como el Pan es uno de los signos privilegiados a través del cual, el Resucitado se da a conocer de nuevo entre los suyos. En el evangelio de este día, Jesús, refuerza de nuevo esta identidad al definirse a sí mismo como el Pan vivo bajado del cielo, es decir, como el alimento del Padre por excelencia. A través de su vida, sus acciones, sus enseñanzas y la estrecha unidad que vive con el Padre, Jesús nos alimenta, nos muestra el camino a una vida plena, donde también nosotros podemos ser alimento para los demás. Pidamos al Señor, que en este tiempo de Pascua nosotros  nos alimentemos siempre del pan de su Palabra, del pan de su vida entregada y resucitada por amor a nosotros, para que a través de ella, podamos ser signos vivos de esperanza, comunión y solidaridad para los demás.

 

Reflexionemos:

¿Cómo alimentamos cotidianamente nuestra experiencia de fe?, ¿cómo podemos ser pan para los demás en este tiempo de Pascua?

 

Oremos:

Enséñanos, Señor, a nutrirnos cada día con el pan de tu Palabra y de la Eucaristía. Que a través de las actitudes y valores que recordamos en ellos, podamos alimentar con gestos de cercanía y solidaridad, la vida de quienes que sufren por la pandemia. Amén.

 

Recordemos:

Jesús es el alimento del Padre por excelencia.

 

Actuemos:

Alimentemos en este día con nuestro apoyo, solidaridad, escucha o cercanía a alguna persona que pase por un mal momento.

 

Profundicemos:

La vida de san José fue un continuo darse por entero a Jesús y a María. Su vida fue para ellos, alimento de comunión, amor y fraternidad (Libro: San José. Una santidad vivida en lo cotidiano).

 

“Trabajen no por el alimento que se acaba, sino por el alimento que dura hasta la vida eterna” (Jn 6, 27)

 

En el evangelio de este tercer lunes de Pascua, Jesús nos recuerda la importancia de trabajar no solo por las cosas pasajeras, sino también por aquellas que unen nuestra vida más a Dios: “Trabajen no por el alimento que se acaba, sino por el alimento que dura hasta la vida eterna”. Tal vez, como las multitudes que buscan a Jesús por el alimento en el relato de hoy, nosotros acudimos a Dios, movidos más por nuestras necesidades materiales que por nuestra fe en él: “Yo les aseguro: ustedes me buscan por haber comido pan hasta quedar llenos, y no porque hayan creído viendo las obras que realizo”. Pidamos al Señor que en este tiempo de Pascua nos conceda la gracia de encontrarnos con él, profundizar más en sus enseñanzas, para descubrir las riquezas presentes en los valores del Reino y esforzarnos por llevarlas a la vida de cada día. Así mismo renovar nuestra fe y adhesión a él: “El trabajo que Dios quiere es que crean en su Enviado”.

 

Reflexionemos:

¿Qué realidades nos motivan a buscar el favor o la ayuda de Dios?, ¿cómo podemos trabajar más por los valores del Reino en este tiempo de Pascua?

 

Oremos:

Purifica, Señor, nuestro corazón de toda intención que nos lleva a buscarte solo por intereses personales o materiales. Ayúdanos, a descubrir las riquezas presentes en los valores del Reino y a trabajar por ellos.

 

Recordemos:

El tiempo de Pascua nos invita a centrar nuestra vida más en Dios y en los valores del Reino.

 

Actuemos:

Revisemos en esta jornada que intereses nos mueven de fondo cuando buscamos a Dios y pedimos su apoyo.

 

Profundicemos:

La Palabra es el lugar privilegiado para conocer la persona de Jesús, descubrir sus enseñanzas y centrar nuestra vida en los valores del evangelio (Libro: Evangelio Palabra de vida).

 

Un fantasma no tiene carne y huesos, como ven que tengo yo” (Lc 24, 39)

 

Comprender que Jesús había resucitado no fue un proceso fácil para los discípulos ni para las primeras comunidades cristianas. Implicó todo un camino de fe, en el que el Resucitado en persona, fue acompañando a cada uno de ellos para ir despejando las dudas y los temores de su corazón: “¿Por qué asustarse tanto? ¿Por qué tantas dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies: ¡soy yo en persona! En dicho proceso, Jesús se vale de signos familiares para ellos, que les ayudan a evocar su presencia y reconocer los lugares en los que de ahora en adelante podrían encontrarlo, como el compartir la mesa y el sentido de las Sagradas Escrituras. Pidamos al Señor, en este Tercer Domingo de Pascua que abra nuestro entendimiento, para experimentar que vive en medio de nosotros a través de su Palabra y la Eucaristía. Así mismo, el gran llamado que tenemos como bautizados, de testimoniar su resurrección con nuestra propia vida.

 

Reflexionemos:

¿Reconocemos que Jesús vive en la Palabra y la Eucaristía?, ¿cómo podemos testimoniar la presencia viva del Resucitado en nuestra cotidianidad?

 

Oremos:

Ayúdanos, Señor, a testimoniar con nuestra propia vida los signos de tu resurrección. A fortalecer mucho más nuestra escucha cotidiana de la Palabra y la vivencia de la Eucaristía. Amén.

 

Recordemos:

El Resucitado nos invita a testimoniar sus enseñanzas con nuestra propia vida.

 

Actuemos:

Participemos activamente en la celebración eucarística de este día y pidámosle al Señor que nos ayude a fortalecer nuestra relación con ella.

 

Profundicemos:

La Eucaristía nos abre al gran misterio del Resucitado que se queda con nosotros en la fracción del pan y en la explicación de su Palabra (Libro: Eucaristía. Pan para la vida del mundo).

 

“¡Soy yo! ¡No tengan miedo!” (Jn 6, 20)

 

En medio de la realidad actual de enfermedad que vivimos por el coronavirus el Resucitado sale a nuestro encuentro para ayudarnos a enfrentar con fe y esperanza, las diferentes tormentas que esta crisis ha desatado al interior de nuestras familias y comunidades. Tal vez como los discípulos, el temor y la angustia no nos han dejado reconocer, que pese a los fuertes vientos que soplan sobre nosotros, Jesús camina a nuestro lado y nos llama a la confianza: “¡Soy yo! ¡No tengan miedo!”. Pidamos al Señor, en este día, la gracia de aprender a confiar mucho más en él en este tiempo de pandemia y reconocer su presencia en los gestos de comunión y solidaridad que a diario recibimos de los demás. Así mismo, pidámosle la capacidad de aprender a reconocer en la circunstancia actual, los signos de vida nueva que el resucitado ha despertado en nosotros como la comunión, la solidaridad universal, el aprecio por nuestros seres queridos,  el valor de la vida, la salud, el estudio, el trabajo.

 

Reflexionemos:

¿Qué signos de esperanza o vida nueva ha despertado en nosotros la pandemia?, ¿cómo podemos fortalecer nuestra confianza en Dios en este tiempo de Pascua?

 

Oremos:

Sal a nuestro encuentro, Señor, en los momentos de mayor angustia, duda o dificultad que vivimos por la pandemia. Ayúdanos a dialogar con los temores que nos impiden abrazar nuestro presente con mayor fe y esperanza. Amén.

 

Recordemos:

El Resucitado sale a nuestro encuentro para animar y fortalecer nuestra confianza.

 

Actuemos:

Llamemos en este día a alguno de nuestros familiares o conocidos para escucharlos y animarlos a superar estos momentos con cuidado y confianza.

 

Profundicemos:

Muchos de los temores que vivimos tienen origen en realidades personales que podemos conocer, trabajar y superar de la mano de Dios (Libro: Quiero y puedo controlar mis miedos).

 

“Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados” (Jn 6, 9)

 

La Pascua es un tiempo especial en nuestro camino de fe que nos invita a llevar a la vida de cada día, las enseñanzas que el Resucitado nos comunica en su Palabra. Hoy el evangelio nos remite nuevamente al lago de Galilea, donde un gran número de personas se acercan a escuchar las enseñanzas de Jesús. Sin embargo, muchas de ellas vienen de lejos y no tienen con que alimentarse. De allí, que Jesús mueva el corazón de sus discípulos a solidarizarse con sus necesidades: “¿Con qué vamos a comprar pan para que esta gente coma?”. Los discípulos al ver que las posibilidades que tenían a su alcance para alimentar a tantos eran pocas, buscan entre los asistentes quien pueda ayudarles: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados”. Aunque la solución encontrada parecía insuficiente, Jesús se vale de ella para mostrarles el milagro de la multiplicación de las cosas pequeñas. Como los discípulos tal vez nosotros muchas veces creemos, que lo poco que tenemos es insuficiente para salir al encuentro de las necesidades de los demás. Pero Jesús hoy nos enseña que es precisamente desde esos pequeños gestos de solidaridad vividos en lo cotidiano, que logramos multiplicar nuestros esfuerzos para aliviar las necesidades de quienes están a nuestro lado.

 

Reflexionemos:

¿Creemos en el milagro de la multiplicación de las pequeñas cosas?, ¿cómo podemos ser más solidarios con los demás en este tiempo de Pascua?

 

Oremos:

Ayúdanos, Señor, a compartir con fe y generosidad, lo mucho o lo poco que tenemos con los demás. A creer que desde las pequeñas cosas, podemos aliviar las necesidades de quienes están a nuestro lado. Amén.

 

Recordemos:

Siempre tenemos algo que dar o compartir con los otros.

 

Actuemos:

Salgamos en esta jornada al encuentro de alguna persona que pase necesidad a través de una ayuda material o espiritual.

 

Profundicemos:

La vida de los santos nos enseña las grandes posibilidades que tenemos a nuestro alcance para salir ayudar a los demás y testimoniar con nuestra vida el amor de Dios (Libro: Los santos de cada día).

 

El Padre ama al Hijo y le ha dado poder sobre todas las cosas (Jn 3, 35)

 

En este tiempo de Pascua el resucitado sale a nuestro encuentro para renovar nuestra fe e invitarnos a reconocer que vive en medio de nosotros a través de su Palabra. Jesús es quien mejor nos comunica con su vida, su mensaje y sus acciones la vida eterna de Dios. Una vida que nos llama en primer lugar a conocerlo y a nutrirnos de sus enseñanzas aquí en la tierra, para luego participar de su gloria en el cielo. En el evangelio de hoy, el resucitado nos enseña que el requisito principal para entrar en la eternidad de Dios es creer en su Palabra y en las obras que realiza gracias a la acción del Espíritu: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que desobedezca al Hijo no gozará de ella, sino que tendrá que sufrir el castigo divino”. Pidamos, al Señor, que renueve en este día nuestro amor por la Palabra, para que iluminados por ella, podamos ser continuadores de sus enseñanzas y participar de la vida eterna de Dios.

 

Reflexionemos:

¿Cómo es nuestra relación con la Palabra de Dios?, ¿reconocemos en ella la presencia de Cristo resucitado?

 

Oremos:

Aumenta, Señor, nuestro amor por la Palabra. Que podamos descubrir en ella las enseñanzas que nos comunicas, fortalecer nuestra fe y reconocer la vida eterna a la que nos llama el Padre. Amén.

 

Recordemos:

Cristo resucitado es quien nos guía con su Palabra, al encuentro definitivo con Dios.

 

Actuemos:

Reservemos en esta jornada un espacio para encontrarnos a solas con Dios y orar con la Palabra.

 

Profundicemos:

La Palabra de Dios sale a nuestro encuentro cada día para ayudarnos a iluminar las diferentes realidades que vivimos y experimentar que Dios camina a nuestro lado.  (Libro: Evangelio Palabra de vida).

 

Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve por medio de Él (Jn 3, 17)

 

Una de las grandes enseñanzas que nos trae el resucitado con su muerte y resurrección, es el gran amor que Dios tiene hacia la humanidad. Un amor que no condena, ni tiene condiciones ni privilegios, sino que solo busca llevar a las personas al conocimiento de la verdad y a la gratuidad de su salvación: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna y nadie perezca”. Un amor que nos invita también a caminar en la luz del resucitado, a dejar de lado las apariencias o las máscaras que nos impiden darnos a conocer a los demás tal como somos. Pidamos al Señor, en este día la capacidad de aprender a acoger nuestra realidad personal con sus luces y sombras, crecer en nuestra libertad interior para compartir con alegría aquello que somos y creemos; aprender a caminar cada día tras las huellas del resucitado; y ser para los demás signos visibles de su amor.

 

Reflexionemos:

¿Qué máscaras nos impiden darnos a conocer tal como somos?, ¿cómo podemos caminar tras las huellas del resucitado en este tiempo de Pascua?

 

Oremos:

Danos, Señor, la capacidad de aprender a caminar en la luz de tu amor y tu verdad. A no tener miedo de acoger nuestra propia fragilidad personal, sino hacer de ella un medio que nos una más a ti y a los demás. Amén.

 

Recordemos:

Cristo resucitado nos comunica con su vida el amor salvífico del Padre por la humanidad.

 

Actuemos:

Pidamos perdón, al Señor, en este día por las veces en que no hemos sido capaces de acoger nuestros propios límites o fragilidades.

 

Profundicemos:

El resucitado nos enseña que la verdadera felicidad consiste en aprender a caminar con nuestras propias fragilidades y las de los demás (Libro: En busca de la verdadera felicidad).

 

 “Debes volver a nacer” (Jn 3, 7)

 

En este segundo martes de Pascua Jesús recuerda nuevamente a Nicodemo la importancia de volver a nacer de nuevo. Invitación que podemos leer a la luz de la situación que aún vivimos por el coronavirus y que nos lleva a reconocer la necesidad de preguntarnos cuáles son los signos de vida nueva que esta realidad adversa ha despertado en nosotros. Así mismo, percibir en nuestro camino de fe, las actitudes personales y comunitarias, que el Señor ha forjado este último año en nosotros y nos han llevado a ser signos de salvación para los demás: “Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea, tenga por Él vida eterna”. Pidamos al resucitado, que como él, podamos abrazar con fe el dolor y el sufrimiento que muchos hermanos nuestros continúan viviendo y fortalecerlos para abrazar su presente, con mayor resolución y esperanza.

 

Reflexionemos:

¿Qué aprendizajes o signos de vida nueva nos ha dejado la pandemia?, ¿cómo podemos abrazar nuestro presente actual con mayor fe y esperanza?

 

Oremos:

Ayúdanos, Señor, a reconocer los aprendizajes y los signos de vida nueva que nos ha traído la pandemia. Así mismo, a transformar las actitudes negativas que nos impiden abrazar el presente con esperanza. Amén.

 

Recordemos:

Como el resucitado podemos ser signos visibles de salvación y vida nueva para quienes están a nuestro lado.

 

Actuemos:

Consolemos en este día a nuestros familiares, amigos o conocidos, que han sido golpeados por los efectos negativos de la pandemia.

 

Profundicemos:

Si bien la realidad actual que aún vivimos por el coronavirus confronta y desafía nuestro estilo de vida, nos lleva a reconocer en la enfermedad y el sufrimiento, oportunidades de superación y crecimiento (E-book: Caminando en la esperanza).

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