9 de Agosto

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, virgen y mártir
Dt 4, 32-40 / Sal 76, 12-16. 21 / Mt 16, 24-28. Feria o ML. Verde o Rojo.

“¿Qué podrá dar un hombre para recobrar su vida?”

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí la encontrará. ¿En qué le beneficiará a un hombre ganar el mundo entero, si su vida se arruina? ¿O qué dará el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre está por venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno de acuerdo con sus acciones. En verdad les digo: Hay algunos de los que están aquí que no experimentarán la muerte hasta que vean venir al Hijo del hombre en su reino”.

Para creer en Dios hay que hacer memoria: recordar todo lo que Dios ha hecho por nosotros, rememorar los prodigios que el Señor ha manifestado en nuestras vidas, tanto como personas como comunidad creyente. Si miramos con gratitud la vida, no podremos sino exclamar: “¡Gracias, Señor! Yo sé que en ti vivo, me muevo y existo”. Y si pensamos en la historia de la Iglesia, a pesar de todos sus desaciertos, podemos también ver muchas luces: a través de ella nos llegó el evangelio, a través de ella hemos conocido la rica tradición de creyentes que se entregaron a Jesús negándose a sí mismos. Solo quienes descubren la bondad de Dios, solo los que conocen la voz de Dios y su amor, solo los que han sentido que Dios es realmente bueno, solo ellos pueden negarse a sí mismos e ir detrás del Hijo de Dios: porque en el fondo lo que hacen es encontrar un camino de realización humana y espiritual que los plenifica; porque servir a Dios es la mejor manera de vivir la vida.

¿Vivimos nuestra fe como una respuesta alegre, que incluso nos permite renunciar
a nosotros mismos para cumplir la voluntad de Dios?