8 de Junio

“No hay mandamiento mayor que estos”

(Marcos 12, 28-34)

 

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Hoy se discute mucho que es primero el ¿amor a Dios O el amor al prójimo?, pero Juan dice: “quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve (1 Jn 4,20) y Pablo afirma que todos los preceptos se resumen en una sola formula: “amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Rm 13,9). La conclusión es que los dos mandamientos son semejantes, son una misma realidad, con dos dimensiones, la fraternidad y la paternidad. Pero para amar a Dios y amar al prójimo hay un requisito, amarse a sí mismo y esto es algo muy difícil. Uno puede amar solo si es amado, de lo contrario no sabe lo que es el amor, por eso el amor a sí mismo es la medida del amor que uno derrama sobre el otro, porque el principio del ser humano es el amor.

 

Reflexionemos: He nacido para amar, este es mi principio, amar a Dios, amar al otro y amarme a mí mismo, el ejemplo es Jesús que se nos hadado incondicionalmente, que es fiel y que nos ha mostrado el amor de Dios.  

 

Oremos: Señor Jesús, te alabo y te bendigo, porque la fuerza para amar y el modo de como amar me lo das tú, que me has amado primero y con locura, dando tu vida por mí. Amén.

 

Actuemos: En este día acogiendo tu Palabra, voy a buscar a aquella persona de la que estoy más alejado y voy a tener un gesto con ella, un detalle, unas palabras.

 

Recordemos: El primer mandamiento es: escucha Israel, amaras al Señor tu Dios, con toda tu alma, con toda tu mente y  con todas tus fuerzas y el segundo es Amaras a tu prójimo como a ti mismo.

 

Profundicemos: Señor ayúdame a entender que mi vida tiene sentido, en la medida que la fe que tengo, me lleva a amarte a ti con toda mi alma y a mis hermanos, con gestos concretos de fraternidad y solidaridad. 

 

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