7 de agosto

 

“Por su poca fe” (Mt 17, 20)

 

Muchas veces, como los discípulos en el evangelio de hoy, queremos ayudar a los demás, centrados más en nuestras propias fuerzas, pero poco en nuestra experiencia de fe. Lo cual hace que nuestra ayuda sea mediocre y no logre los resultados esperados: “¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?”. Jesús a través de la respuesta que da a los discípulos ante su incapacidad para curar al niño epiléptico, también nos interpela y nos llama de nuevo a la confianza: “Les aseguro que si fuera su fe como un grano de mostaza, le dirían a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada les sería imposible”. Pidamos al Señor, en este día, que aumente nuestra fe y nos ayude a contar siempre con él, para llevar adelante todas nuestras tareas cotidianas o la ayuda que queremos dar a los demás. Así mismo, la capacidad de perseverar y llevar adelante todo aquello que nos proponemos.

 

Reflexionemos:

¿Confiamos más en nuestras propias fuerzas o capacidades que en la gracia de Dios?, ¿cómo podemos aprender a contar más con Dios en las diferentes realidades que vivimos?

 

Oremos:

Ayúdanos, Señor, a contar más contigo en las diferentes tareas y proyectos que emprendemos. A reconocer que tú nos capacitas para ayudar y salir al encuentro de las necesidades de los demás. Amén.

 

Recordemos:

Nuestras fuerzas y capacidades nos vienen de Dios.

 

Actuemos:

Pidamos perdón al Señor en este día, por las veces en que no contamos con él y nos cerramos solo en aquello que podemos hacer.

 

Profundicemos:

La fe es un gran regalo que recibimos de Dios desde nuestro bautismo, pero al igual que una semilla necesita de agua y cuidados especiales para que pueda crecer y florecer (Libro: El camino de la fe).

 

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