7 de Agosto

San Cayetano, presbítero
Nm 13, 1-2. 25 – 14, 1. 26-30. 34-35 / Sal 105, 6-7a. 13-14. 21-23 /
Mt 15, 21-28. Feria o ML. Verde o Blanco.

“Mujer, qué grande es tu fe”

En aquel tiempo, Jesús salió de allí y se retiró a las regiones de Tiro y Sidón. Entonces salió una mujer cananea de aquellas regiones, que gritaba: “¡Ten misericordia de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija está muy atormentada por un demonio!”. Pero Él no le respondió nada. Entonces se acercaron sus discípulos y le suplicaron: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. Él respondió: “No fui enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Ella se acercó, se postró ante Él y le dijo: “¡Señor, ayúdame!”. Él respondió: “No está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perritos”. Pero ella dijo: “Sí, Señor, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus dueños”. Entonces Jesús le respondió: “¡Mujer, qué grande es tu fe! Que te suceda lo que deseas”. Y desde esa hora su hija quedó sana.

Los expertos en comunicación y publicidad dicen que lo más terrible de la propaganda publicitaria es que nos inventan falsos deseos. Hace que deseemos aquello que realmente no necesitamos. Fijémonos entonces en lo que le dice Jesús a la mujer cananea: “Qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”. ¿Qué deseaba la mujer? ¿Y qué le inspiran esos deseos? No desea algo para ella, sino para su hija. Además, sus deseos son tan firmes, que no se desconcierta con esa respuesta extraña de Jesús que la compara con un perrito. Al contrario, lejos de lanzar una respuesta fruto del orgullo herido, responde a Jesús con sabiduría e inteligencia: “Los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños”. Y sus deseos son satisfechos.

¿Hemos aprendido a sopesar los deseos más grandes de nuestro corazón?