5 de Julio

San Antonio María Zaccaría, presbítero
Gn 23, 1-4. 19; 24, 1-8. 62-67 / Sal 105, 1-5 / Mt 9, 9-13.
Feria o ML. Verde o Blanco.

“No tienen necesidad de médico los sanos” ;
“misericordia quiero y no sacrificios”

En aquel tiempo, pasando por allí, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió. Mientras estaba a la mesa en la casa, llegaron muchos cobradores de impuestos y pecadores, y se sentaron a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo, los fariseos decían a sus discípulos: “¿Por qué su maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?”. Él escuchó y dijo: “No tienen necesidad de médico los fuertes, sino los que tienen algún mal. Vayan y aprendan qué significa: ‘Quiero misericordia y no sacrificio’. No vine a llamar a justos sino a pecadores”.

Hacia los años ochenta del siglo pasado, los sociólogos tuvieron que constatar un fenómeno que dura hasta hoy: el retorno de la religión. Hay quienes hablan de la “revancha de Dios”. La frialdad de la técnica y de la ciencia no pueden satisfacer todas las aspiraciones profundas del corazón. Especialmente la necesidad de perdón absoluto que hay en el alma humana. El retorno de lo religioso puede ser leído como esa sed que siente la gente actual. Pero Jesús nos hace una advertencia delicada: a Dios lo encontramos cuando la misericordia nos mueve a solidarizarnos con el pobre, cuando ponemos la vida por encima del ritualismo vacío de amor. Eso quiere decir la preferencia de Dios por el amor antes que por los sacrificios.

¿Dios es para nosotros la fuente profunda de nuestra felicidad y de nuestra ansia de plenitud?