26 de Marzo

San Ludgero, obispo
Dn 3, 25. 34-43 / Sal 24, 4bc-9 / Mt 18, 21-35. Feria. Morado.

“Lo que hará el Padre celestial con ustedes,
si cada uno no perdona a su hermano”

En aquel tiempo, Pedro se acercó y dijo a Jesús: “Señor, si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces lo perdonaré? ¿Hasta siete veces?”. Jesús le respondió: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Cuando comenzó a ajustarlas, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Pero, como no tenía con qué pagar, el señor ordenó que lo vendieran junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para que así pagara la deuda. Entonces el siervo, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El señor se compadeció de aquel siervo, lo dejó libre y le perdonó la deuda. Pero cuando salió, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien denarios. Lo agarró, casi lo estrangulaba y le decía: ‘Paga, si algo debes’. Su compañero, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara la deuda. Cuando sus compañeros vieron lo que había pasado, se entristecieron profundamente y fueron a explicarle a su señor todo lo ocurrido. Entonces su señor lo mandó traer y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné toda aquella deuda, porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu compañero, así como yo tuve misericordia de ti?’. Entonces su señor se encolerizó y lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Así también hará con ustedes mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano”.

Ciertamente es mejor la situación en que el otro nos perdona y aún podemos reparar algo del mal causado. Pero el desbordamiento del mal es, en cierta forma, la situación en la que estamos ante Dios: lo hemos ofendido a muerte asesinando a nuestros hermanos. Y no hay reparación posible porque los muertos están muertos. Eso podría representar la cantidad incontable de dinero que debía el servidor de la parábola al rey. En realidad, lo que hemos de perdonar a nuestros hermanos no es comparable con lo que Dios nos ha perdonado. De ahí la exhortación a la reconciliación, a la paz y al perdón con el otro. Hay que apoyarse en Dios y su misericordia hacia cada uno de nosotros, para que podamos perdonar a los demás.

¿Qué conciencia tenemos de los pecados que Dios nos ha perdonado y de los que nos sigue perdonando?