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21 de Abril

Les repartió pan y pescado cuanto quisieron

 (Juan 6, 1-15)

 

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Me encanta la manera como Dios sabe abrir el corazón humano para darse. El Evangelio de hoy nos dice que mientras Jesús se encontraba a orillas del lago Tiberiades, en la parte montañosa mucha gente acudió a él para escucharlo, movidos por los signos que habían visto que él realizaba, pero en los labios de la muchedumbre el evangelista no pone ninguna palabra, aunque, sí le da la iniciativa a Jesús que pregunta a Felipe: “¿Con qué vamos a comprar pan para que esta gente coma?”. Pregunta que pone en aprieto al discípulo porque ve la imposibilidad de conseguir alimento en ese lugar para tanta gente. Entonces otro de los discípulos, Andrés, interviene presentando a un muchacho que tiene cinco panes y dos peces; y, con eso que es poco, Jesús hace presente la generosidad de Dios. Jesús les dijo: “Hagan que la gente se siente en el suelo”.  Luego, “tomó los panes, dio gracias a Dios y les repartió pan y pescado cuanto quisieron”. Así, en el banquete Eucarístico Jesús se da como nuestro alimento, no abandona a ninguno, sino que dispone la mesa para que todos participemos de su Reino.

 

Reflexionemos: Quien ama es compasivo y sabe ponerse en el lugar del otro. Sabe ver la realidad y solidarizarse con ella. Quien ama sabe ver en Jesús, al Pan que ha bajado del cielo  y se nos da como alimento. ¿Cómo estoy usando mis dones y talentos para hacer presente el reino de Dios?

 

Oremos: Señor, dame un corazón libre y generoso para poner en tus manos mis cinco panes y dos peces, que son los dones que me has confiado para servir a mis hermanos. Amén. 

 

Recordemos: “¡Este sí es el profeta que debía venir al mundo!”.

                                                                                                              

Actuemos: Hoy seré generoso y solidario con las personas que están a mi lado.

 

Profundicemos: “El verdadero milagro, no es la multiplicación que produce orgullo y poder, sino la división, el compartir, que aumenta el amor y permite que Dios haga prodigios” (Papa Francisco)

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