19 de Marzo

“Nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios”

(Jn 9, 3)

 

Permitamos que la Palabra de Dios toque nuestra vida

Llegamos hoy al cuarto Domingo de Cuaresma y el evangelio nos lleva a través de la sanación del ciego de nacimiento a reconocer el poder sanador que tiene en nuestra vida el amor y la misericordia de Dios. Dentro de la cultura judía a la que pertenecían tanto Jesús como el ciego del evangelio, sufrir de algún mal o enfermedad era considerado un castigo de Dios. Por eso, no es de extrañar la pregunta que los discípulos dirigen a Jesús: “Maestro, ¿quién pecó, él o sus padres, para que naciera ciego?”. Jesús en lugar de reafirmar la postura de los discípulos, les enseña que la ceguera de este hombre no constituye un mal en sí mismo, sino una valiosa oportunidad para que actúe en él, el poder sanador de Dios. Quizás como los discípulos nos cuesta reconocer en los males que sufrimos, el lugar privilegiado para que Dios obre en nosotros. Pidamos al Señor que en este tiempo de Cuaresma aprendamos a reconocer en los sufrimientos o dificultades que vivimos, su fuerza sanadora y liberadora.

 

Reflexionemos: ¿Cómo acogemos en nuestra vida las enfermedades o sufrimientos?, ¿reconocemos en ellos un medio que nos une mucho más a Dios?

 

Oremos: Danos, la gracia, Señor, de aprender a reconocer en los sufrimientos y dificultades que vivimos, valiosas oportunidades para dejar que tu obres en nosotros y nos sanes con tu poder. Amén. 

 

Recordemos: Dios actúa en nuestras fragilidades.

 

Actuemos: Pongamos en manos del Señor en este día los sufrimientos o enfermedades que nos aquejan y roban la paz de nuestro corazón.

 

Profundicemos: La sanación es un regalo que Dios nos ofrece cada día, especialmente en su Palabra y en la Eucaristía  (Libro: Vivir la Eucaristía con amor y alegría).

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