16 de Abril

Escucha La Palabra de Dios para cada día

 

Primera Lectura

 

Lectura del libro de Génesis 1, 1 – 2, 2

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era caos y vacío, y en el abismo del mar reinaban las tinieblas. Pero el espíritu de Dios se agitaba sobre el agua. Entonces dijo Dios: “¡Haya luz!”. Y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena. Entonces separó Dios la luz de la oscuridad. A la luz la llamó “día” y a la oscuridad “noche”. Este fue el primer día. Y anocheció y amaneció. Luego dijo Dios: “¡Fórmese entre las aguas una bóveda que sirva para separarlas!”. E hizo Dios la bóveda y separó las aguas, de manera que una parte quedara debajo de la bóveda y otra encima. Y así se hizo. Y vio Dios que estaba bien. Y a la bóveda la llamó  “cielo”. Este fue el segundo día. Y anocheció y amaneció. Luego dijo Dios: “¡Reúnanse en un solo lugar las aguas que están debajo del cielo, y aparezca lo seco!”. Y así se hizo. Y a lo seco lo llamó “tierra”, y a las aguas reunidas las llamó “mares”. Y vio Dios que estaba bien. Entonces dijo Dios: “¡Cúbrase la tierra de verdor, de plantas que den grano y de diferentes clases de árboles que den fruto con semilla!”. Y así se hizo. La tierra se cubrió de verdor, de diferentes clases de plantas que dan grano y de árboles que dan fruto con semilla. Y vio Dios que estaba bien. Este fue el tercer día. Y anocheció y amaneció. Luego dijo Dios: “¡Fórmense en la bóveda del cielo astros que den luz y distingan el día de la noche y sirvan para señalar las fiestas, los diversos días y los años! ¡Desde la bóveda del cielo alumbren a la tierra!”. Y así se hizo. Formó los dos grandes astros, el mayor, que preside el día, y el menor, que preside la noche, y también las estrellas, y los puso en la bóveda del cielo para que alumbren la tierra, presidan el día y la noche y separen la luz de la oscuridad. Y vio Dios que estaba bien. Este fue el cuarto día. Y anocheció y amaneció. Luego dijo Dios: “¡Broten del agua en abundancia diversos animales, y sobre la tierra vuelen las aves, debajo de la bóveda del cielo!”. Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todos los animales de diversas especies, que brotaron en abundancia del agua, y toda clase de aves. Y vio Dios que estaba bien. Luego los bendijo diciendo: “¡Sean fecundos, multiplíquense y llenen el agua de los mares! ¡Multiplíquense las aves  en la tierra!”. Este fue el quinto día. Y anocheció y amaneció. Luego dijo Dios: “¡Produzca la tierra toda clase de animales: animales domésticos, animales que se arrastran por el suelo, y animales salvajes de diversas especies!”. Y así se hizo. Dios creó las diversas especies de animales salvajes, de animales domésticos, y los que se arrastran por el suelo. Y vio Dios que estaba bien. Luego dijo Dios: “Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, como una semejanza nuestra; y que tengan dominio sobre los peces del mar y las aves del cielo, sobre los animales domésticos y salvajes de la tierra, y sobre los que se arrastran por el suelo”. Y creó Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de Dios los creó, los creó hombre y mujer. Y los bendijo diciéndoles: “¡Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y tomen posesión de ella; ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todos los animales que se arrastran por el suelo!”. Además les dijo Dios: “Para que coman, les doy toda clase de plantas productoras de grano que hay en la tierra y toda clase de árboles que dan fruto con semilla. En cambio, a todos los animales terrestres, a todas las aves del cielo y a todos los animales que se arrastran por el suelo, les doy la hierba verde para que coman”. Y así se hizo. Cuando Dios miró todo lo que había hecho, vio que era muy bueno. Este fue el sexto día. Y anocheció y amaneció. Así quedaron terminados el cielo, la tierra y todo el ejército de seres que hay en ellos. El día séptimo, al terminar Dios su trabajo, descansó de todo lo que había hecho.

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Salmo responsorial 103, 1-2a. 5-6. 10. 12-14ab. 24. 35c

R. Envía tu espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto / R.

Asentaste la tierra sobre sus cimientos, y no vacilará jamás; la cubriste con el manto del océano, y las aguas se posaron sobre las montañas / R.

De los manantiales sacas los ríos, para que fluyan entre los montes; junto a ellos habitan las aves del cielo, y entre las frondas se oye su canto / R.

Desde tu morada riegas los montes, y la tierra se sacia de tu acción fecunda; haces brotar hierba para los ganados, y forraje para los que sirven al hombre / R.

¡Cuántas son tus obras, Señor!, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. ¡Bendice, alma mía, al Señor! / R.

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 1-12

 

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Ellas no sabían qué pensar de todo esto, pero de repente se les presentaron dos personajes con vestiduras relumbrantes. Como las mujeres no se atrevían por temor a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, resucitó. Recuerden lo que les dijo estando todavía en Galilea, que el Hijo del hombre tenía que ser entregado en manos de los pecadores, ser crucificado y resucitar al tercer día”. Ellas recordaron las cosas que Jesús les había dicho, volvieron del sepulcro y contaron todo eso a los once apóstoles y a todos los demás. Eran María Magdalena, Juana y María la madre de Santiago. Eso también les decían a los apóstoles las otras mujeres que habían estado con ellas. Pero a ellos estas cosas les parecían algo sin sentido, y no les creyeron. Sin embargo, Pedro se fue corriendo al sepulcro, y al asomarse, no vio más que los lienzos. Entonces se volvió a casa maravillado de lo que había sucedido.

 

S: Palabra del Señor                                     

T: Gloria a ti, Señor Jesús

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