13 de Marzo

Escucha La Palabra de Dios para cada día

 

Primera Lectura

Lectura de la Profecía de Oseas 6, 1-6

Muchos pensarán así: “Vamos a volver al Señor: si Él nos destrozó, Él nos sanará; si Él nos hirió, Él nos curará. De hoy a mañana nos va a reanimar, y pasado mañana nos va a levantar, y seguiremos viviendo a su lado. Recordemos lo que hace el Señor; ya sabemos que su venida es tan cierta como que sale el sol. Él viene en nuestra ayuda cuando llegan las lluvias, que empapan la tierra en abril”. Pero Él replica: “¿Qué puedo hacer contigo, Efraín? ¿Qué puedo hacer contigo, Judá? Su religiosidad es como nube mañanera, como rocío que al primer rayo del sol se evapora. Por eso he castigado por medio de profetas, y he dado muerte con las palabras de mi boca; por eso sale mi sentencia como la luz del sol. Quiero lealtad, y no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos”.

 

L: Palabra de Dios

T: Te alabamos, Señor

 

Salmo responsorial 50, 3-4. 18-21a

 

 R.  Un corazón contrito y humillado tú no lo desprecias.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado /R. 

Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias /R.  

Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos /R.

 

 

Evangelio San Lucas 18, 9-14

 

“Al volver a su casa, el que estaba a paz y salvo con Dios era el recaudador”

 

A propósito de algunos que se sienten seguros de sí mismos por creerse a paz y salvo con Dios y desprecian a los demás, dijo Jesús esta parábola: “Una vez subieron  al templo dos hombres a orar; uno era un fariseo y el otro un recaudador. El fariseo se colocó aparte y empezó a orar así: ‘Oh Dios, te doy gracias de que no soy como los demás, ladrones, desleales, adúlteros; ni como ese recaudador. Ayuno dos veces por semana, y pago el diezmo de todo lo que tengo’. En cambio el recaudador se quedó atrás y ni siquiera se atrevía a levantar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: ‘¡Oh Dios, ten compasión de este pecador!’. Pues bien, les digo que al volver a su casa, el que estaba a paz y salvo con Dios era el recaudador y no el fariseo. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

 

S: Palabra del Señor                                     

T: Gloria a ti, Señor Jesús